SOBRE LA POLÍTICA ANTI INFLACIÓN: LA LÓGICA GUBERNAMENTAL CONTRA LA LÓGICA DE LO RAZONABLE

*Rubbi Rada. Magister Scientiarum en Economía. Doctorando en Economía por la Universidad Central de Venezuela.

rada.rubbi@gmail.com

Uno de los problemas que afectan más directamente a los venezolanos es el crecimiento constante de la inflación y su impacto en el poder adquisitivo diario. Mientras que la oposición ha tomado como política, desde hace varios años, la denuncia de esta situación, sin crear una alternativa de política económica válida, aplicable en un eventual “gobierno de unidad”, el gobierno insiste en la aplicación de mayores controles a la economía, causando exactamente los efectos contrarios a los esperados, tal como ya se hemos visto. Lo que tenemos, en la Venezuela actual, es un aumento exponencial y generalizada de precios (inflación), que se espera rodee la cifra de 1000% al cierre del año: Citigroup la proyecta en 800%, Ecoanalítica en 887% y Goldman Sachs en 916%.

En cuanto que para poder proponer, primero hay que criticar, en este escrito pretendo contrastar la lógica socialista, propuesta por el gobierno, contra la lógica de lo razonable, que considera los comportamientos reales de las variables económicas, desprendiéndose, en la medida de lo posible, de toda consideración dogmática y procurando observar los comportamientos de los mercados reales y financieros, logrando así no sólo una mejor comprensión del fenómeno inflacionario en Venezuela, sino también una serie de líneas iniciales de acción contra esta problemática.

  1. La LÓGICA GUBERNAMENTAL invisibiliza el fenómeno de la inflación evitando hablar de éste. Por eso los analistas económicos no cuentan con cifras oficiales del fenómeno en los últimos años y deben basarse, la mayoría de las veces, en datos extraoficiales. Voceros del gobierno han incluso llegado a manifestar la necesidad de cambiar no sólo los patrones de medición de esta variable, sino también su mismo nombre, aunque no se han atrevido a mostrar ni nuevas formas de medición, ni el nuevo nombre. La LÓGICA DE LO RAZONABLE indica que ocultar el fenómeno de la inflación no lo evita ni lo combate y que lo más indicado y responsable es la publicación oficial de cifras. Asimismo, durante siglos los sistemas contables han demostrado su efectividad en los procesos de medición de variables económicas y no vale la pena perder el tiempo en modificarlos, a menos que con bases sólidas se logre la modificación del sistema, a partir de criterios universal e internacionalmente aceptables.

  1. La LÓGICA GUBERNAMENTAL sostiene que la inflación en Venezuela es “inducida”, afirmando con ello que estrategas de “guerra económica” atacan diariamente el poder adquisitivo de los ciudadanos. Son los factores financieros internacionales, junto con los empresarios internos, dice, los verdaderos causantes de la inflación. La LÓGICA DE LO RAZONABLE indica que el gobierno le apuesta a una explicación que sólo considera uno de los tres factores determinantes del valor, que en economía se expresa objetivamente en precios. Más que “guerra económica”, lo que tenemos en Venezuela es un “economía de guerra”, debido a su deteriorada condición, siendo tres los elementos que en esta economía crean precios. El primer elemento formativo de precios es el subjetivo, que indica lo que el ciudadano está dispuesto a pagar por una determinada mercancía. En tiempos de escasez de bienes, la gente está dispuesta a pagar más, de acuerdo a la ley de oferta y demanda. El segundo elemento es el objetivo, fácilmente medible por la relación entre el costo de producción (lo que le cuesta a la empresa producir) y la tasa de ganancia esperada. Con mayores controles, la tasa de ganancia empresarial baja, lo que desincentiva la producción, lo que aumenta la escasez, lo que aumenta los precios de los costos de producción y finalmente, del producto. El tercer elemento es el del poder, porque el Estado también crea precios a través de la imposición de tasas de ganancia y controles productivos y en el caso venezolano, es el gobierno quien sostiene que factores internos y externos conspiran contra el buen funcionamiento del sistema económico, olvidando los otros dos elementos e imponiendo más controles.

  1. La LÓGICA GUBERNAMENTAL pretende controlar la inflación sin controlar el PIB en su totalidad, el cual mide la cantidad de riqueza producida en una economía, generalmente durante un año, tanto en términos esencialmente nominales o monetarios, como en términos reales o con consideración del alza inflacionaria. Mientras el PIB baja, la inflación sube y viceversa. La situación en Venezuela es que se espera una caída del PIB en 7,4%, para el 2017 y de 4,1% en 2018, según datos del FMI. La LÓGICA DE LO RAZONABLE indica que tratar de controlar la inflación por sí misma, sin considerar al PIB y sus variables es completamente inútil. Para bajar la inflación, hace falta, ya sea impactar sobre el consumo, aumentándolo, sobre las inversiones, promoviéndolas, sobre el gasto, reduciéndolo, o sobre las exportaciones, aumentándolas. Lo que sucede en Venezuela es que:

  • El consumo ha caído considerablemente, lo que baja el PIB, lo que aumenta los precios.

  • Las inversiones se alejan cada vez más, por efectos de los eventos políticos, riesgo financiero y controles sobre la economía, lo que baja la producción, lo que baja el PIB, lo que genera inflación.

  • El gasto aumenta, producto de la política populista, lo que aumenta la cantidad de dinero en la calle, lo que impulsa al mercado a tratar de recoger ese dinero nuevo, lo cual puede hacer sólo subiendo los precios, es decir, inflándose.

  • Las exportaciones caen, producto de acuerdos internacionales, entre los que se incluyen los financieros con China, Rusia e India, lo que baja el PIB, lo que genera inflación.

  1. La LÓGICA GUBERNAMENTAL pretende incentivar el consumo, no con mayor producción, sino mediante aumentos de salarios mínimos y entregas de recursos monetarios como medida populista. Ya demostramos que al aumentar los salarios, aumentan los precios. La LÓGICA DE LO RAZONABLE indica que la escasez de productos aumenta su demanda y aumenta sus precios y que un aumento de salario apenas se queda en lo nominal. Tome usted lo que gana durante un mes y tendrá su salario nominal. Divida usted su salario nominal entre la inflación mensual y obtendrá su salario real, que es lo que verdaderamente puede comprar con su dinero, es decir, su poder adquisitivo. Para que consulte estas cifras, revise los gráficos que aquí se adjuntan.

  1. La LÓGICA GUBERNAMENTAL Pretende incentivar la inversión sin crear las condiciones jurídicas para ésta. No considera el hecho de que las expropiaciones, las leyes de controles de precios, la inseguridad política, la delincuencia común, etc., son factores que alejan a los inversionistas nacionales e internacionales. Es por ello que si vemos un aumento de las inversiones chinas y rusas, ello obedece a que junto con grandes ganancias esperadas, el gobierno ha garantizado, para éstas, estabilidad jurídica por medio de alianzas políticas. Ello explica los comunicados de ambas naciones defendiendo la ANC y rechazando posibles injerencias extranjeras. La LÓGICA DE LO RAZONABLE indica que lo más sensato es dejar de ver al empresario nacional como un enemigo mortal, como un conspirador contra la economía y comenzar a crearle las condiciones jurídicas para su inversión, yendo más allá de la política y actuando con claridad de criterios económicos. Sólo así el empresariado comenzará a sentarse a negociar y luego a producir.

  1. La LÓGICA GUBERNAMENTAL es también una lógica populista, de allí que incentive el gasto público mediante políticas de repartición indiscriminada de dinero improductivo: campañas electorales, contentamiento de militares, misiones sociales, etc. Cree que con ello promueve substantivamente el bienestar de la gente. En este proceso, propicia que el BCV imprima dinero y lo transfiera a PDVSA y otras empresas estatales, que a su vez pasan a financiar al gobierno para que lo gaste. Al cierre de 2016, hasta junio de 2017 el dinero creado por el BCV para financiar al gobierno aumentó en 38%. La base monetaria aumentó también considerablemente. Esto significa que el dinero nuevo en la economía, una vez inyectado, infla al mercado y eleva sus precios. Esto explica el hecho de que con cada vez más billetes, se compren menos productos. La LÓGICA DE LO RAZONABLE, apoyándose en la teoría monetarista, demuestra que reduciendo el gasto público, a pesar del descontento que ello pueda generar, se controla la cantidad de dinero en la economía, lo que detiene la inflación, si logra combinarse con otras políticas efectivas. Como contraparte, puede combinarse incentivado el consumo de producción interna, lo que aumentaría el poder adquisitivo de la gente y fortalecería la moneda nacional.

  1. La LÓGICA GUBERNAMENTAL ve como un logro el hecho de que el Seniat haya logrado “records” en recaudación de impuestos y por lo tanto, promociona esta recaudación como un logro más, en cuanto que los recursos son transferidos para el gasto público. La LÓGICA DE LO RAZONABLE nos lleva a reflexionar con mayor detenimiento estas cifras, en cuanto que mayor recaudación no implica, necesariamente, mayor riqueza para el país, porque: 1.- El dinero recaudado no encuentra respaldo en la economía real, pudiendo ser que la economía crezca nominalmente (en billetes, como realmente ocurre), pero no realmente (en bienes y servicios), que es lo importante. Por lo tanto, el Seniat recibe cada vez más billetes, con menos capacidad de compra. 2.- El dinero recaudado no cubre el déficit en el presupuesto gubernamental, que continúa apoyándose en el dinero transferido del BCV a PDVSA. 3.- El dinero se recauda en el mercado, pasa a manos del gobierno, que lo gasta y lo vuelve a inyectar en el mercado mediante medida populista no productiva, por ello no hay creación alguna de riqueza.

  1. Siguiendo con el tema monetario y su impacto inflacionario, la LÓGICA GUBERNAMENTAL afirma que para evitar la fuga de capitales y “que los burgueses se apropien de las divisas del pueblo”, es necesario mantener un control cambiario que proteja a los ciudadanos de estos “depredadores capitalistas”. La LÓGICA DE LO RAZONABLE es contraria a este tipo de controles, sobre todo en una economía inflacionaria que impacta también el mercado de divisas. En otras palabras: el control cambiario aceleró la escasez de dólares al desviarlos hacia el gobierno, que terminó por crear un monopolio, causando con ello una escasez crónica de divisas y por lo tanto, aumentando su precio. Por otro lado, los mecanismos de asignación de divisas también se comportan inflacionariamente, tal como sucede en el caso del DICOM, que vende el dólar a un precio oficial de 2.970 Bs., mientras algunas firmas afirman que los precios reales oscilan los 6.000 Bs; además, si se compara con el precio del sistema SIMADI, con el que un dólar costaba 727 Bs., la inflación de las divisas, es decir, la devaluación del bolívar, es evidente. La razón económica indica que si los precios de los bienes de la economía venezolana se tasan a dólar negro, al subir el precio del dólar oficial el de éste sube, aumentando automáticamente el precio de los bienes, es decir, causando más inflación, y ello es debido tanto a que el mercado venezolano depende de las importaciones hechas en dólares, como a que los empresarios se ven constantemente obligados a aumentar sus costos de producción en alza.

  1. Hablando de importaciones, prácticamente nada se ha hablado de los efectos negativos e inflacionarios de la expulsión de Venezuela del Mercosur, que la LÓGICA GUBERNAMENTAL ve como una retaliación política de la “derecha transnacional” contra el gobierno venezolano, más aún cuando fue el gobierno de Chávez quien impulsó lo que fue en su momento llamado “Mercosur social” o “Mercosur con justicia”. La LÓGICA DE LO RAZONABLE nos conmina, como mínimo, a leernos el protocolo constitutivo del Mercosur o Tratado de Asunción, de 1991, que en su artículo 1° expresa que este organismo implica: libre circulación de bienes, establecimiento de un arancel externo común, coordinación en políticas macroeconómicas y armonización legislativa en la materia. Hablando claramente: EL MERCOSUR ES UN ORGANISMO PARA EL LIBRE COMERCIO. Y es precisamente el libre comercio lo que ha denunciado constantemente el gobierno venezolano, en especial los TLC entre Colombia, México y Estados Unidos. Los acuerdos de libre comercio implican que ciertos productos que entran al país lo hacen libremente, es decir, libres de impuestos; como contraparte, los productos que salen del país entran al otro país, también libres de impuestos. En cuanto que no se han roto relaciones comerciales con los países conformantes del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), los productos que de allí provengan serán pechados con impuestos y los que de aquí salen (muy pocos) también deberán pagar impuestos. Esto tiene los efectos de: 1.- Desincentivar las exportaciones nacionales. 2.- Desincentivar las exportaciones de los países del Mercosur hacia Venezuela. Estos dos elementos generan decaimiento de las exportaciones, lo que impacta negativamente en el PIB y causa inflación y además, genera escasez de productos provenientes de estos países en el mercado interno, que como bien sabemos, es fundamentalmente proveído por Brasil. Sobra recordar que la escasez genera más inflación.

  1. En cuanto que la única solución que ha encontrado la LÓGICA GUBERNAMENTAL para evitar la escasez de alimentos y la inflación es la distribución subsidiada de alimentos y los aumentos de salarios, veamos cómo se comportan las variables que más impactan la vida cotidiana de la gente, en los términos más prácticos posibles. La LÓGICA DE LO RAZONABLE nos invita a organizar en cifras los comportamientos de estas variables. Como ya hemos dicho, el gobierno, sabiendo que la gente se preocupa cada día más por comer, aumenta los salarios nominales (monetarios) como una medida coyuntural. En este análisis lo llamaremos salario integrado, por incluir el salario propiamente dicho y los bonos de alimentación:

Sin título

Fuente: Elaboración Propia, basado en las cifras oficiales publicadas en Gaceta Oficial.

La gráfica muestra un ascenso en la curva de salarios nominales, como es de esperarse.

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Fuente: Elaboración Propia, basado en las cifras no oficiales publicadas por la Asamblea Nacional.

El comportamiento inflacionario intermensual es claramente ascendente. A partir del mes de mayo la curva de inflación comenzó una escalada ascendente, coincidente con la convocatoria constituyente que hiciera el Presidente de la República.

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Fuente: Elaboración Propia.

La curva del salario real se obtiene dividiendo el salario nominal mensual entre la inflación mensual. Como se puede ver en la gráfica, a partir de mayo, ni siquiera el aumento de salario mínimo ha sido capaz de detener la caída del salario real, que es el que realmente muestra el poder adquisitivo de la gente.

malestar

Fuente: Elaboración Propia.

La denominada Ley de Okun en economía expresa el malestar ciudadano presente en una economía. Esta curva se obtiene sumando la inflación mensual con el desempleo mensual, cifra esta última que hemos establecido, medianamente de forma arbitraria, en un valor fijo de 21,4%, que es la cifra que maneja el FMI, debido a que fue imposible conseguir cifras oficiales o no oficiales al respecto. Nuevamente la gráfica indica que a partir del mes de mayo el malestar general de la economía y de la gente se dispara hacia el alza.

Veamos ahora el comportamiento de estas mismas variables, en lo que se refiere al ámbito alimenticio, que es el que más interesa a la gente hoy en día.

canas basica

Fuente: Elaboración Propia. Basado en datos del CENDAS sobre la Canasta Básica Familiar.

La Canasta Básica Familiar incluye alimentos y otros rubros como medicina, productos de aseo e higiene personal. En el mes de julio supera los dos millones de bolívares y su tendencia al alza es evidente.

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Fuente: Elaboración Propia. Basado en datos del CENDAS sobre la Canasta Básica Familiar y en cifras oficiales del salario integrado publicadas en Gaceta Oficial.

Al comparar el salario integrado con el costo de la Canasta Básica Familiar se puede observar la brecha que separa ambas curvas, evidenciando que cada vez se puede comprar menos con más dinero, es decir, cada día el poder adquisitivo de la gente decae considerablemente.

malestar alimenticio

Fuente: Elaboración Propia. Basado en datos del CENDAS sobre la variación intermensual de la inflación en los alimentos.

Así como es posible obtener una estimación del malestar general en la economía, es posible obtener una estimación del malestar alimenticio que combine la inflación en este ámbito con la tasa de desempleo mensual. Entre los meses de junio y julio se observa una ligera caída del malestar, debido a una baja en la inflación en alimentos de 21,9 % en el mes de junio, a 17,5% en el mes de julio.

Finalmente, de los anteriores datos económicos se concluye que la tendencia en variables que afectan directamente la cotidianidad de los venezolanos será  de la siguiente forma: 1.- Los salarios mínimos seguirán subiendo, dependiendo de la decisión gubernamental. 2.- La inflación seguirá aumentando más radicalmente. 3.-  El poder adquisitivo de la gente seguirá cayendo. 4.- El malestar ciudadano continuará creciendo. 5.- La canasta básica seguirá aumentando en precios. 6.- El salario será cada vez más insuficiente para cubrirla. 7.- El malestar alimenticio podría disminuir si se aplican las políticas efectivas de forma inmediata, aunque es poco probable que suceda. 8.- Llama la atención el hecho de que desde el mes de mayo el malestar se acelere y que haya sido este mismo mes el de la convocatoria constituyente que hiciera el gobierno.

RECOMENDACIONES:

De todo lo dicho, es posible extraer las siguientes recomendaciones de política económica y política de gobernabilidad, que de ser seguidas redundarán en beneficios para todo el sistema económico, estabilizando la economía y mejorando las condiciones ciudadanas:

  • Publicar las cifras oficiales de inflación y dejar de derrochar recursos tratando de transformar el sistema de cuentas nacionales.

  • Evitar la escasez, aumentando la producción nacional. Eliminar controles sobre las ganancias de los productores y emplear PDVSA para incentivar compra de maquinarias y equipos industriales. Reducir razonablemente el papel del Estado en los procesos de controles económicos en general.

  • No atacar la inflación en primera instancia, sino trabajar desde sus inmediatos condicionantes, es decir, el consumo, la inversión, el gasto y la correlación entre exportaciones e importaciones.

  • Propiciar el consumo a través de la producción. Detener los sucesivos aumentos de salarios mínimos y aumentar el poder adquisitivo de la gente (salarios reales).

  • Crear condiciones jurídicas (institucionales), no condiciones políticas, para poner a los empresarios a producir. Ello implica reducir los niveles de incertidumbre política y social, abstenerse de expropiar empresas, eliminar leyes y organismos de control de precios (Sundde y leyes de control de precios, que puede hacerse muy fácilmente) y demostrar compromiso en el cumplimiento de acuerdos pactados.

  • Respetar la autonomía funcional del Banco Central de Venezuela y crear, desde éste, una política monetaria certera y razonable. Invertir recursos para la recuperación de PDVSA, disminuyendo su dependencia del dinero interno impreso por el BCV.

  • Revisión completa del sistema de recaudación de impuestos (política fiscal), desviando los recursos obtenidos a la activación del sistema productivo.

  • Desmonte definitivo del sistema de control cambiario en todas sus facetas e instancias.

  • Reincorporación inmediata de Venezuela en el Mercosur, a través de la creación inmediata de condiciones democráticas en el país. Ello traerá, a mediano plazo, ventajas comerciales y competitivas.

  • A partir de los datos anteriores es posible realizar una proyección del comportamiento de las principales variables macroeconómicas nacionales, a lo cual procederé próximamente.



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POSIBLE NUEVA ALTERNATIVA POLÍTICA EN VENEZUELA O DE LA EXISTENCIA POLÍTICA

*Rubbi Rada. Licenciado en Ciencias Política “Summa Cum Laude” por la Universidad Central de Venezuela.

rada.rubbi@gmail.com

 

En este escrito reflexiono sobre las posibilidades de una alternativa política de acción frente a la cada vez más acentuada polarización política nacional. En conversaciones con una querida colega, ella acertaba en calificar esta alternativa de “tercera vía” y aunque diferíamos en la forma de denominarla, coincidíamos en lo más importante, que es el contenido de la propuesta, es decir, la necesidad de que en Venezuela se estructure una salida al creciente clima de conflicto radical, que afecta sobremanera el bienestar de todos los ciudadanos.

Pero antes de discernir sobre el contenido de esta alternativa o “tercera vía”, me permito comenzar a problematizar sobre su misma posibilidad y su misma viabilidad, tratando de observar qué grupos representan tal alternativa y hacia dónde debe dirigirse un discurso que vaya más allá de la alternativa gubernamental y de la alternativa de la MUD. Por lo tanto, doy comienzo a esta disertación dejando en claro la problemática a la que en estos tiempos hemos de enfrentarnos: Venezuela atraviesa, en estos momentos, una crisis de existencia política que ha de agudizarse con el correr del tiempo y ante la cual es una imperiosa necesidad actuar.

En cuanto que problemática, son varios los pasos que deben ser asumidos, porque van desde su identificación, desglose y exposición de soluciones posibles en el corto y mediano plazo, respondiendo a la premura a que obliga la actual crisis política nacional.

Aduzco entonces que el concepto de la política (o de lo político) que aquí considero es tan sólo capaz de definir la problemática en un sentido negativo, en cuanto ésta se mueve en lo que dicho concepto especifica como no-político, que es lo que carece de polémica, de problema público por sí mismo. Me inclino a tomar como “concepto de lo político” aquella fórmula que Carl Schmitt, en su famoso estudio dedicado al mismo tema de la existencia política, distingue entre amigos y enemigos, como el ámbito en el que se resuelve la actividad política. La vida política es de amigos y enemigos, de luchas agonales y existenciales, de conflictos de intereses muchas veces irreconciliables y es por ello una actividad, un ámbito esencialmente problemático. Es esta definición, por lo tanto, la que es capaz de definir las fracciones políticas encontradas, aquellas que en el juego del poder se disputan las capacidades de decisiones públicamente vinculantes.

Paso ahora a considerar el estado de esta distinción entre amigos y enemigos en la Venezuela actual, para dar cuenta del carácter negativamente definitorio del concepto:

Amigos y enemigos son grupos que sólo el Estado es capaz de definir, según Carl Schmitt, toda vez que es éste el detentador de la soberanía, entendida como la capacidad de poner en vigencia el estado de excepción, la situación excepcional, en el seno de la unidad política. Así, según la Constitución venezolana, la soberanía reside en el pueblo, pero según la práctica política vigente y según la misma definición de Schmitt, es el gobierno el verdadero detentador de la soberanía. Los que lo adversan no son soberanos, sino que son, desde su concepción, “enemigos”. Sin embargo, incluso el concepto de “enemigo” aquí empleado es insuficiente si no se entiende en un contexto de lucha existencial, que el escritor Juan Carlos Rey, en un texto de 1971, comprende desde la dicotomía “amigos del sistema” – “enemigos del sistema” y que no hace más que expresar una situación de ausencia de reglas de juego efectivamente cumplidas, es decir, de presencia de tensión y crisis de legitimidad del sistema político mismo como un todo. Los “amigos del sistema” son los claramente chavistas, incluyendo líderes y ciudadanos. Los “enemigos del sistema” son los opositores al gobierno, líderes y ciudadanos, organizados por la instancia representativa que ocupa la forma de Mesa de la Unidad Democrática (MUD), factor que sistemáticamente pretende ser eliminado, considerando la ausencia de confluencia en elementos de la política ideológica, práctica, así como el fracaso de los sucesivos intentos de diálogo. Esta distinción, que plantea un interesante conjunto de relaciones que vale la pena analizar más adelante, no es capaz de definir la plenitud de la problemática que he planteado, es decir, no da cuenta de la crisis de existencia política que atraviesa el país y de las posibilidades de una nueva alternativa.

Que un sector importante de la nación queda fuera de la anterior definición “amigo – enemigo” es fácil de demostrar con los siguientes elementos, que conceptualmente también demuestran la existencia de un grupo o sector políticamente presente, pero que hasta el momento ha sido ignorado por “amigos” y “enemigos” y lo seguirá estando con el correr de los meses, hasta el punto de ser absolutamente suprimido por la totalidad del sistema, de no ser incluidos en el juego político moderno. De allí que:

  1. MÁS DE CINCO MILLONES DE VENEZOLANOS NO SON INCLUIDOS. El discurso del chavismo se centra en la magnitud de la cifra de ocho millones de votos, obtenidos durante el proceso constituyente, sin mencionar, en ninguna ocasión, que el padrón electoral es de 19.805.002, es decir, casi veinte millones de personas, con lo que doce millones han quedado excluidas del proceso y nunca son mencionadas. La oposición (los “enemigos” del sistema) no ha explotado esta cifra contraproducente en ningún momento, sino que se ha centrado en resaltar los siete millones de votos obtenidos durante el plebiscito del 16 de julio, olvidando mencionar en su discurso la existencia de dicho padrón electoral, con el que quedarían por fuera trece millones de venezolanos. Una suma simple de las cifras obtenidas por ambos sectores revela la existencia de al menos quince millones de venezolanos, lo que excluye a cinco millones que tampoco son mencionados en el discurso, a lo que se suman nuevos votantes aun no inscritos, etc. Proporcionalmente hablando, ello significa que uno de cada cuatro venezolanos potencialmente votantes ha dejado, discursivamente, de existir. ¿Quién ha de dirigir su discurso hasta este decisivo sector?
  1. La ANC NO INCLUYE A ESTOS SECTORES. La convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente y su posterior puesta en práctica por el gobierno nacional, se hizo en contra de la oposición, excluyendo amplios y mayoritarios sectores opositores que hacen parte o no de la MUD, siendo un proyecto para la restructuración de un Estado a la medida del oficialismo. Amplios sectores quedaron, ipso facto, anulados de la existencia política, no sólo al carecer de representación, sino al impedírsele la capacidad de oponerse. La misma elección constituyente se hizo atendiendo a una organización sectorial que sólo tiene sentido si se expresa políticamente (fenómeno políticamente condicionado, diría García – Pelayo) y en cuanto que la elección fue chavista, la exclusión fue triple: de designación (porque es el gobierno quien decide a qué sector se pertenece); social (porque políticamente podría yo condicionar otros sectores – el de estudiantes, por ejemplo – pero la naturaleza del voto me lo impide); y política, en cuanto que la ausencia de un referéndum consultivo transformó la elección constituyente en unas primarias internas de los partidos de gobierno.
  1. CARÁCTER SIMBÓLICO DEL CARNET DE LA PATRIA. El elemento anterior parecería ser suficiente para identificar como “enemigo” a todo aquel que no acudió a la convocatoria constituyente y sin embargo, no lo es. Sumemos a la exclusión política, inclinación consecuente del gobierno que hace que el juego deje de ser juego y se convierta en una lucha, un elemento que ha pasado aparentemente desapercibido a nuestros insignes analistas: la asociación del acto de votación al carnet de la patria. No fue obligatorio el uso de esta tarjeta para el ejercicio del voto y sin embargo, su sólo empleo simbólico es suficiente para causar preocupación, no tanto por la canalización excluyente de recursos sociales a través de ésta, como porque inconsciente y no tan inconscientemente, el mensaje que se envía a la totalidad de la ciudadanía es el de que sólo tiene derecho a participar el que posee la tarjeta, mientras que la cédula de identidad, que sí es de uso obligatorio en estos actos, pasa a ser insuficiente para el ejercicio del derecho al sufragio. El mensaje es simbólico, pero no por ello poco poderoso. Reviste el mensaje la misma connotación del asalto al Congreso del pasado 5 de julio, que tampoco debe ser interpretado como un simple acto vandálico, sino como la disposición del gobierno a violentar toda institucionalidad adversa (enemiga), toda expresión de la voluntad popular que sea, por su contenido, su enemiga.
  1. RESPETO PARA LOS CIUDADANOS. Entonces el problema que inevitablemente se plantea es el de la ciudadanía. Al considerar el acto simbólico del uso del carnet de la patria y la exclusión implícita de participación que contiene, lo que se pretende afectar es el ejercicio de la ciudadanía. Son nacionales de un país aquellas personas que reconoce el Estado y la Ley como territorial y sanguíneamente vinculados a la organización política, social y territorial; y son ciudadanos aquellos que ejercen activamente sus derechos políticos, el más importante de todos, el de la participación a través del sufragio. El mensaje del chavismo es simple, pero poderoso: aquel que posee el carnet y lo usa en el acto de votación es más venezolano que el que ni lo posee ni lo usa, persona que pasa a convertirse, política y simbólicamente, en un paria, en un desterrado dentro de sus propias fronteras, en un venezolano menos venezolano que el otro. “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”, decía Orwell. La consecuencia política de ello es simple y fácilmente advertible: pueblo es el pueblo chavista, el “amigo”, mientras que la oposición visible es el “enemigo”, el que merece ser negado. La otra parte de los venezolanos simplemente no existe, no es amiga ni enemiga, no se expresa, pero tampoco se niega. Simplemente, si alguna vez existió, ha dejado de existir.
  1. LA “RESISTENCIA” ES SIGNO DE ESTA ALTERNATIVA. Pero hay que ir más allá en este asunto, porque incluso del lado de la MUD esta negación se ha hecho presente (más como error político que como política deliberada) al no saber interpretar las llamadas “protestas espontáneas”, que de espontáneas tienen el haber sido convocadas por la MUD y haberse salido posteriormente de control, o el no haber sido convocadas y también haberse salido de control (como ejemplo tenemos las protestas del 18 de julio, dos días luego del plebiscito, que la MUD repudió por su espontaneidad). La “espontaneidad” de estas protestas significa la existencia de amplios sectores de la población que desean existir políticamente, pero que no ven en la MUD su elemento organizador, a pesar de compartir los mismos objetivos, en cuanto que se oponen al chavismo más radicalmente que la misma MUD. Sólo este elemento es capaz de explicar, más allá de la espontaneidad de la protesta, la existencia de grupos opositores sumamente radicales, capaces de generar focos de violencia ante la respuesta también violenta del Estado. Sin embargo, el chavismo, en su jugada política, continúa en su afán de culpabilizar a los dirigentes de la MUD, sabiendo conscientemente que estos grupos se escapan a su control. Es decir, la llamada “resistencia” no ha logrado distinguirse como grupo autónomo con intereses propios, no ha logrado convertirse en “enemigo” y el chavismo insiste en calificarlo de “células terroristas financiadas por la MUD”.
  2. NO SON TERRORISTAS, SON MANIFESTANTES. Esta última calificación, la de “terrorista”, es especialmente reveladora. Podemos definir el terrorismo, en términos generales, como una actividad que busca generar terror psicológico entre la ciudadanía, a través del empleo de medios violentos, con la finalidad de cambiar el status quo en su totalidad (al menos en la mayoría de los casos, este es el objetivo perseguido), siendo sus proponentes un conjunto humano difuso, difícilmente identificable. Esta definición, tomada de lo que más o menos entiende la comunidad internacional por terrorismo, excluye de plano a las protestas pacíficas o violentas como actos terroristas. Suponiendo que la protesta se torne violenta, el terror psicológico no es su medio exclusivo, considerando su alto grado de difusión y su escaso nivel organizativo, ya que de ser así, un linchamiento aislado, una forma de pánico colectivo, serían considerados actos terroristas. Los medios violentos tampoco son exclusivos de la protesta violenta y mucho menos tiene ésta la finalidad de cambiar, por sí sola, el status quo en su totalidad. Las protestas en Venezuela, pacíficas o violentas, pretenden cambiar al gobierno chavista. La pretensión de totalidad del chavismo, vista desde su posición ideológica, ve una amenaza total en estas protestas, sean de la naturaleza que sean, sin considerar la escasa vinculación ideológica totalizante de las mismas. Asimismo, el hecho de que las protestas violentas sean controladas por las fuerzas de seguridad del gobierno o de que una protesta pacífica se torne violenta por efecto de la violencia de estas fuerzas, demuestra radicalmente la ausencia de un enemigo difuso a combatir. No tratándose de terroristas, la calificación tiene un sentido eminentemente político, cuyos efectos jurídicos no se dejan de sentir, toda vez que el chavismo controla la administración de justicia en el país y promueve juicios militares a civiles. Desde esta concepción, es fácil juzgar a los venezolanos protestantes como terroristas y a los representantes de la MUD como los principales terroristas. Ello convierte, automáticamente, a todo manifestante en negador del sistema en su totalidad, desprendiéndosele de su condición de enemigo político y excluyéndosele radicalmente del sistema, como si se tratase de un factor absolutamente nocivo, en cuya ausencia sólo han de quedar los verdaderos enemigos.
  3. LOS ESTUDIANTES SON TAMBIÉN UNA NUEVA ALTERNATIVA, AUNQUE NO TAN NUEVA. Pero los acusados de terrorismo no están solos en la negación de su existencia. Junto a éstos yacen los estudiantes universitarios, el movimiento estudiantil que actúa como factor no controlado de la MUD, que a su vez niega reconocer como grupo autónomo, tanto como lo hace el gobierno. Su capacidad de convocatoria y acción es difícilmente diferenciable de la propia MUD y sin embargo, no es difícil reconocer una autonomía que fue capaz de expresarse en el año 2007, que retorna su actuación en el año 2014 y que nuevamente se le ve campante, pero marcadamente reducido y maltrecho en el año 2017. El sector estudiantil es clave para la comprensión del proceso político venezolano, no sólo por su autonomía relativa, sino también porque a partir de allí se han derivado distintos “enemigos” del sistema y se derivarán distintos “amigos” en un eventual gobierno de la actual oposición. Sin embargo, hoy en día el movimiento es lo que es, un movimiento, no un partido y como tal, carece de existencia política reconocida, a pesar de ser políticamente impactante.
  4.  LA ALTERNATIVA ES UNA NECESIDAD EN TODA DEMOCRACIA. Las acciones de la recientemente conformada Asamblea Nacional Constituyente han afianzado la distinción “amigo” – “enemigo”. Los amigos siguen siendo amigos y los enemigos siguen siendo enemigos, en un escenario de mayor violencia y represión, en el cual los mayores perdedores siguen siendo los grandes sectores hoy invisibles, pero numéricamente determinantes al momento de la votación. Una posible nueva alternativa, que podría incluir tanto a los chavistas como a los opositores descontentos, a los estudiantes y a la resistencia, a los que constantemente se resisten a votar y a aquellos decepcionados de la política en general, incluso de ambos sectores, debe no sólo superar la polarización política venezolana, sino también ofrecer soluciones prácticas, pragmáticas, no dogmáticas, no ideológicas, sino ajustadas a las reales necesidades políticas y económicas de nuestro pueblo.
  5. Más adelante seguiré discerniendo sobre las posibilidades prácticas de esta propuesta.

EL ISLAMISMO DESESPERADO

* Rubbi Rada. Magister Scientiarum en Economía. Doctorando en Economía por la Universidad Central de Venezuela.

 

A propósito de los lamentables acontecimientos en Barcelona y otras regiones de España, creo pertinente ofrecer mis reflexiones sobre el fenómeno del terrorismo y su impacto sobre Occidente, publicadas por primera vez en el libro “Las Estrategias del Poder”, de la Fundación Alberto Adriani, compilado por el Doctor Luis Mata Mollejas, pero que mantienen su completa vigencia y nos permiten comprender, un poco más, las complejidades de los tiempos actuales.

1.- El Novum Organum del Islamismo Complejo

“¿Y qué? El hombre es el animal que pregunta. El día en que verdaderamente sepamos preguntar, habrá diálogo. Por ahora las preguntas nos alejan vertiginosamente de las respuestas. ¿Qué epifanía podemos esperar si nos estamos ahogando en la más falsa de las verdades, la dialéctica judeocristiana? Nos hace falta un Novum Organum de verdad, hay que abrir de par en par las ventanas y tirar todo a la calle, pero sobre todo hay que tirar también las ventanas, y nosotros con ella. Es la muerte, o salir volando. Hay que hacerlo, de alguna manera hay que hacerlo”.  – Julio Cortázar, Rayuela, Capítulo 147 -.

En el mundo contemporáneo, en el que los avances tecnológicos y comunicacionales han implicado la interconexión cada vez más marcada de las naciones y los eventos que en éstas ocurren, el abordaje de un fenómeno, si se procura ser objetivo, debe realizarse a partir de diversas perspectivas que respondan a la complejidad, multicausalidad y heterogeneidad del mismo. Así, son múltiples las variables y razones implicadas en el despliegue del Islam (y el Islamismo) moderno y su relación con Occidente, sobre todo en estos tiempos, en los que los últimos acontecimientos en Europa y el Medio Oriente conminan a la tarea de asumir un análisis que considere diversas perspectivas y enfoques, a fin de responder a la naturaleza compleja y profunda de estas relaciones.

De este modo, una perspectiva compleja se caracteriza por romper con la separación sujeto – objeto, propia de la ciencia clásica y asume al sujeto como individuo que estructura la realidad que él mismo analiza; de modo que reivindica la racionalidad existencial del individuo y considera los elementos propios de su dimensión interna, sin dejar de lado sus interacciones con los otros individuos y la realidad y la cultura de la que forma parte; por lo tanto, la incertidumbre, la imprevisibilidad, el movimiento, la no linealidad, la crisis, son elementos considerados a partir de la pluralidad metodológica y teórica.

Lo anterior supone asumir la complejidad a partir de la subjetividad, considerando expresiones psicológicas, existenciales, espirituales, éticas y culturales como elementos evolutivos e interconectados en un universo aparentemente caótico y en constante flujo de movimientos y de información. Hoy día, frente al movimiento globalizador, es posible la existencia de distintas epistemes o formas de pensamiento conviviendo en un mismo tiempo histórico y en un mismo modelo explicativo o, en términos de nuestro estudio, la interconexión o posible choque entre el Islam y el Occidente.

Es además necesario considerar que la complejidad aludida en el despliegue de este fenómeno, desdibuja los componentes racionalistas y abre paso a la subjetividad y a tres elementos fundamentales que se encuentran interconectados, a saber, los sociopolíticos, los económicos y los culturales. Más aún, en el estudio de la complejidad social son cuatro las grandes aristas o líneas de pensamiento que permiten abordar una discusión interteorética en relación a los hechos sociales: el primero es el plano filosófico e histórico, que se pregunta sobre el ser humano como parte de un cosmos; el segundo es el plano psicológico y antropológico, que cuestiona al ser humano hacia sí mismo y procura explicarlo a partir de una visión introspectiva y en su relación con los otros y su entorno físico; el tercer plano corresponde al pensamiento económico y administrativo, que resulta de la interacción del hombre con las cosas materiales y finalmente; el plano político y sociológico, concerniente a las relaciones del hombre con sus semejantes, en escenarios de conflicto y cooperación.

Por ello, considerando la complejidad social y la necesidad de una metodología que responda a la naturaleza heterogénea y profunda de los eventos actuales, caracterizados por la existencia de múltiples factores que conviven en un mismo tiempo, espacio y circunstancia, el presente estudio pretende hacer explícita la interacción entre estas áreas del pensamiento humano, abarcando un plano filosófico e histórico, psicológico y antropológico, económico y administrativo, político y sociológico, y además, haciendo énfasis en lo cultural y religioso como factores que no pueden quedar obviados al momento de analizar un fenómeno de alcance regional e internacional como el Islamismo.

Asumir la explicación de un tema que aquí se ha dado en llamar “el Islamismo desesperado” implica, por lo tanto, asumir la interdependencia o existencia de relaciones de influencias “circulares”, no lineales, basadas en flujos de información mutables en el tiempo y espacio y en el caso del Islamismo “(…) la religiosidad es un rasgo cultural relevante y no puede ser despreciado al considerar el comportamiento humano. En otras palabras, al estudiar el comportamiento social no sería objetivo olvidar que para buena parte de la humanidad las creencias religiosas condicionan la conducta, como sucede en el mundo islámico.

Luego de los ataques contra las torres del World Trade Center del 11 de abril de 2001, que en el sentir de Nweihed atacaron el prestigio moral de los Estados Unidos, la dinámica de la geopolítica internacional cambió radical e irreversiblemente. La vulnerabilidad pasó a ser la característica fundamental del Occidente y la seguridad dentro de las fronteras nacionales, en un mundo cada vez más interconectado y sensible, pasó a formar parte, nuevamente, de la agenda de altos asuntos de las administraciones de los países más poderosos del planeta, dando lugar a un incremento de las tensiones entre el Oriente Medio y el Occidente.

Asimismo, las frecuentes intervenciones de las potencias occidentales, en especial de los Estados Unidos, en países del Oriente Medio tales como Afganistán e Irak, que han implicado intervenciones militares completas, justificadas bajo el concepto de la guerra contra el terrorismo y la defensa de los Derechos Humanos, han tenido sus repercusiones en el aumento de los conflictos político – religiosos en esta zona del mundo y han dado mayor fuerza moral y política a movimientos fundamentalistas violentos que pretenden imponer la Ley Sharia en sus zonas de control y en el resto del mundo.

Nuevamente el debate se centra en una dicotomía que expresa una contraposición fundamental. Una vez fue la lucha entre los dioses y los hombres, entre la iglesia y el imperio, entre el racionalismo y el teocentrismo, entre el libre mercado y el proteccionismo, entre la izquierda y la derecha, entre el primer y el segundo mundo, entre el capitalismo y el socialismo. Hoy el debate adquiere una dimensión cada vez más global y reviste mayor sensibilidad, toda vez que involucra un mayor número de personas y pone en cuestionamiento la capacidad del Occidente y del resto del mundo para convivir; más aún la contraposición Occidente  – Islam involucra temas especialmente sensibles tales como la religión, la libertad de expresión, la seguridad ciudadana y la convivencia mundial.

Uno de los fundamentales planos de análisis comprende la necesidad de distinguir la complejidad que reviste el Islam en sí mismo; ya que este no se presenta homogéneo y de fácil aprehensión, sino que más bien es heterogéneo y multivariado, implicando la existencia de movimientos religiosos fundamentalistas, de movimientos separatistas y disgregadores del orden social, y de Estados naciones de carácter moderno, tal como se verifica en el caso de Arabia Saudita y Egipto, en los cuales se observa la existencia de elementos occidentales e islámicos, como parte de un sincretismo político y cultural.

Recientes hechos han reavivado el debate en los últimos meses. No sólo se trata de los frecuentes secuestros de Boko Haram en el norte de Nigeria, de los asesinatos masivos de personas en Afganistán y Pakistán, de los ataques militares occidentales en países del Oriente Medio y de la cada vez más marcada presencia de los grupos extremistas en territorio europeo. Hoy este problema adquiere una dimensión universal, ya que representa, desde una perspectiva occidental, la lucha entre el Estado democrático moderno y la cada vez más extendida red de terrorismo internacional y, desde el punto de vista musulmán, la histórica lucha entre el Islamismo y el Occidente.

La reciente intensificación del poderío del Estado Islámico (ISIS), grupo fundamentalista suní, autoproclamado califato musulmán (gobierno definido religiosamente), en territorios sirios e iraquíes, ha puesto en alerta a Europa, a algunos países árabes, a Israel y a Estados Unidos, ante el aumento de la frecuencia de los ataques violentos. Esta organización, que controla extensos territorios y cuenta con miles de seguidores en Oriente y Occidente, se basa en una interpretación radical del Islam que pretende la extensión de su dominio en todo el mundo árabe musulmán, ante lo cual ha pedido el apoyo de todo el mundo. Sus principales objetivos son la creación y consolidación de un Estado Islámico plenamente reconocido, así como expandirse a través de las fronteras de Jordania, Israel, Palestina, Líbano, Kuwait y Chipre.

Para ello, ha perpetrado numerosos ataques terroristas, causado la muerte de miles de personas y promocionado una política de terror a través de redes sociales y medios de comunicación masivos. Asimismo, a diario es posible observar noticias de los numerosos asesinatos en masa que comete contra aquellas personas que no comparten su fe, contra las minorías étnicas y aquellos que violan la “ley islámica”, así como el secuestro de occidentales y las amenazas constantes a los países de este lado del hemisferio para que reconsideren moralmente su modo de existencia.

El otro evento es el aún reciente ataque a las instalaciones del semanario francés Charles Hebdo con armas largas, el peor ataque terrorista en medio siglo en Francia, el cual causó la muerte de doce personas e hirió a otras once el 7 de enero de 2015, tras la publicación de varias caricaturas que, a juicio de los que perpetraron el ataque y de sus autores intelectuales, constituyen una ofensa a la religión islámica y a la dignidad del pueblo musulmán. Este evento causó indignación en todo el mundo, tanto musulmán como occidental, y puso aún más en evidencia la vulnerabilidad ciudadana frente a estos ataques y la cada vez más evidente incapacidad del Estado para hacer frente a ataques de esta naturaleza.

Frente a este escenario, la primera precisión que debe realizarse es que, debido a la naturaleza compleja y a la presencia de múltiples factores involucrados, la comprensión del posicionamiento actual del Islamismo en el escenario mundial requiere el esfuerzo teórico de posicionarnos en cinco diversas perspectivas de análisis. A) La primera de estas perspectivas abarca lograr una comprensión del Islam que vaya más allá de los grupos rebeldes armados y asuma a estos como la excepción dentro de un más extenso y general sistema religioso y cultural que reúne numerosas naciones, personas y corrientes religiosas. B) La segunda perspectiva considera la presencia de Estados nacionales consolidados marcados por la tendencia a la conservación del poder y la extensión territorial; C) La tercera perspectiva tiene como finalidad analizar el impacto, presencia y capacidad de demostración de los grupos fundamentalistas armados, los cuales asumen su movilización como parte de una guerra generalizada de culturas y civilizaciones. C) La cuarta perspectiva, también occidental, asume la crisis como característica inherente a nuestra civilización y reafirma la victoria de los sistemas axiológicos y culturales del Occidente sobre el Oriente, permitiendo hablar del Islamismo desesperado. E) La quinta perspectiva es la propiamente occidental, representada por las potencias militar y económicamente más poderosas, que asumen la lucha contra el terrorismo como una estrategia de alcance multinacional, para asegurar la supervivencia y la seguridad ciudadana.

2.- Las Mil y Una Noches o el Islam como Civilización

“¡Oh, los que creéis! Permaneced practicando la equidad, sed testimonios de Dios, aunque sea en detrimento de vosotros mismos, de vuestros padres o de vuestros parientes, sean ricos o pobres, pues Dios está antes que ellos”. (Sagrado Corán, azora 4, aleya 134).

Comencemos por definir dos conceptos que normalmente se dan por sentados, sin ahondar mucho más en sus reales implicaciones, siendo utilizados casi indiscriminadamente. En el caso del presente análisis, conviene realizar las precisiones pertinentes. Se trata de lo que hemos de entender por Occidente, su naturaleza fundamental y su basamento existencial, que es al final de cuenta lo que pone en cuestionamiento el fundamentalismo islámico. Y también, lo que hemos de entender por Islam (e Islamismo), en cuanto que sistema moral y político de naturaleza universal y especialmente compleja.

Partamos de una proposición simple: La Civilización Occidental está en crisis. Por crisis, en un primer término, hemos de entender todo proceso de cambio y movilización que conduce a la decadencia y al surgimiento de situaciones de emergencia e inestabilidad. Crisis implica la transformación, sea lineal o no, de diversas estructuras y de la estructura en sí misma. Estamos hablando de la movilización de las partes o de la movilización del todo, sea simultánea o gradualmente. Nos referimos aquí a la movilización, de un lugar a otro, de un sentido a otro, de una tal o cual cosa o una tal o cual situación y del desplazamiento de uno o varios factores, sea esto a lo interno o a lo externo de la estructura o las estructuras, siempre y cuando ello implique decadencia, contradicción, inestabilidad e incluso cuestionamiento de la propia esencia del fenómeno.

La idea de movilización y desplazamiento contiene la verdadera naturaleza de lo que hemos entendido por crisis. Sin embargo, lo que parece no estar muy preciso es el papel que juega la idea de la decadencia y desestructuración en un proceso de crisis. La movilización es propia de la Civilización Occidental. Hemos de entender por Sociedad Occidental aquella derivada y estructurada a partir de los sistemas teóricos políticos, jurídicos y filosóficos de la antigüedad griega y romana; así como de los supuestos racionalistas en términos políticos, económicos y jurídicos. Aquí nos referimos a una sociedad que, en cuanto que opuesta a la Civilización Oriental, entra en una constante y permanente contradicción que constituye en sí misma su esencial naturaleza. La noción de civilización, en cuanto que asociada a la idea de civilidad, de lo cívico, de la ciudad y de lo público, nos remite a su vez tanto a lo colectivo como a lo individual, siempre y cuando tenga esto último un sentido de lo público.

Por lo tanto, lo que observamos en la sociedad occidental es una contradicción constante que cruza tanto lo público como lo privado, tanto lo colectivo como lo individual e incluso particular y que implica una constante movilización de factores, componentes, ideas, valores, individuos, nacionalidades, etc. En fin, es el cambio permanente lo que caracteriza la Civilización Occidental, siendo que ésta no se identifica con la inamovilidad y lo estático, sino que la idea del desplazamiento, el nacimiento, la muerte, la destrucción y la contradicción están constantemente presentes.

Podría entonces alegársenos que la idea del cambio y la contradicción que se ha expresado aquí no refleja, necesariamente, la existencia de una crisis permanente y generalizada que forma parte de la Civilización Occidental y sin embargo, encontraremos pocos detractores de la idea del permanente cambio. Para convencernos del primer argumento, hemos de alegar que es esta permanencia del cambio y la movilización lo que constituye la crisis en sí misma; es la generalidad del cambio la expresión de la crisis misma y más aún, es la decadencia y la evolución favorable lo que expresa este fenómeno. Así, tenemos que en las épocas de cambios más vertiginosos, en las cuales las ideas y valores sufren un mayor desplazamiento y movilización, es cuando podemos observar el surgimiento de ideas y valores nuevos y aparentemente más evolucionados.

Nuevamente, es la idea de la razón la que al final de cuentas resulta ganadora invicta de estos procesos temporales de cambios vertiginosos intensos. Entre estos podemos contar al período de decadencia griega, que vio nacer las filosofías de Sócrates, Platón y Aristóteles; la caída del Imperio Romano, a partir de la cual se deriva un nuevo estilo de existencia europeo y el logos es asumido en contraposición a lo divino. El Renacimiento, que vio la primavera de todas las bellas artes, de las ciencias de la naturaleza y de las ciencias de lo humano, incluyendo la política y la idea de la cientificidad. El resurgimiento del ideal democrático en Europa, paralelo a la expresión de los ideales de las Revoluciones Francesa y Americana, las cuales, llevando la delantera con el ideal de la libertad, trastocaron el mundo entero. Lo mismo puede ser argumentado en relación a la extensión del fenómeno de la Revolución Industrial e incluso, con la crisis del Estado Social propia de las décadas de 1920 y de 1930, a partir de las cuales una nueva configuración estatal adquirirá sentido a nivel mundial.

Esta movilización y desplazamiento pueden ser observados en el seno de los conjuntos sociales. En cuanto que compuestas por individuos y relaciones de valores, las sociedades han sido poseedoras de “ritmos” de desarrollo y despliegue. De allí que somos testigos de sociedades occidentales con mayor o menor movilidad y convulsión, de sociedades que tienden a la conservación de ideas y valores tradicionales y de sociedades que procuran el cambio constante en su propio seno.

Son numerosos los factores en movilización constante en el seno de las sociedades occidentales y la velocidad de esta movilización depende no sólo de los esquemas y las intenciones individuales y colectivas de la población, sino también del desenvolvimiento de los tiempos históricos y del desarrollo económico, tecnológico y valorativo. Este último factor implica que así como las sociedades occidentales han entrado en una crisis permanente (la cual se hace más evidente hoy en día), los sistemas axiológicos también tienden a movilizarse y a desplazarse ente sí, resultando unos en primer plano y otros ocupando un lugar menos visible. De allí el cambio de sentido a favor de la libertad, o más precisamente, las “libertades”, que condujo a la justicia moderna a un segundo plano, luego que ocupara un papel protagónico en la antigüedad y durante el feudalismo europeo.

De modo que lo que hemos entendido aquí por crisis se asocia a un proceso de cambios y transformaciones permanentes que tienen lugar en todos los aspectos de la vida occidental e incluso, en la totalidad de la existencia occidental, definiendo y a su vez dando sentido a la Civilización Occidental. Es por ello que lo fundamental de estos cambios constantes radica en la existencia del “movimiento” como condición sine qua non del Occidente.

Tal como ya se ha afirmado anteriormente, la crisis como condición del Occidente se remonta sobre cimientos hoy día en crisis, dando lugar a un cuestionamiento constante de sus principios y valores fundamentales. De un lado, han entrado en crisis los conjuntos filosóficos griegos, toda vez que a pesar de su carácter universal, no son capaces de responder a los modos de vida actuales y mucho menos, de dar cuenta de aspectos más o menos particulares y menores de la presente realidad.

En esta misma vía, somos testigos del constante cuestionamiento del sentido de la entidad política fundamental: El Estado. La idea de la Razón de Estado, planteada inicialmente por Maquiavelo, asume que esta estructura de poder debe llevar a cabo unos fines esenciales. El primero de éstos es asegurar su propia supervivencia, es decir, el príncipe o recipiendario del poder político debe asumir la responsabilidad de mantener el poder a toda costa o lo que es lo mismo, lo asume como una responsabilidad fundamentalmente racional.

La Razón de Estado, tal como la denominara Meineke, constituye la panacea no sólo del Estado Moderno en cuanto tal, sino que además se asocia a la idea de soberanía y a la de supervivencia del Estado en cuanto que conjunto compuesto por numerosos factores multidiversos. Es esta condición de poseedor de racionalidad lo que se coloca en cuestionamiento, toda vez que la crisis de la racionalidad se hace presente y el Estado es cada vez más incapaz de asumir la problemática de la seguridad, no sólo interna, sino también externa (surgimiento de nuevos enemigos externos difusos, tales como núcleos terroristas y células criminales organizadas con alcance internacional) y además, es cada vez más impotente para asumir la satisfacción de necesidades colectivas por sí solo, de allí que recurra cada vez más a la cooperación internacional.

En la consideración de otro aspecto de esta general y universal crisis, observamos que aunado a la crisis de la racionalidad por la que atraviesa el Estado Moderno de Bienestar, somos testigos de una creciente y cada vez más permanente crisis económica que abarca, cada vez más, mayores niveles, tanto estructurales como geográficos a nivel mundial. Las estructuras del Estado y del Mercado, en muchos casos, tienden cada vez más a la decadencia y no encuentran salida ante la cada vez más evidente incapacidad para sostenerse y mantener condiciones mínimas de existencia entre la población.

Asimismo, otros dos elementos esenciales son igualmente explicativos de la sociedad occidental y constituyen, vale decir, su aporte más destacado a la configuración de los órdenes estatales y sociales modernos. En primer lugar, la democracia liberal como forma de organización del poder político y forma de organización de los Estados Modernos, en la cual la voluntad soberana pertenece al demos y a sus representantes en razón del bienestar común y colectivo, estando basada en condiciones y preceptos políticos y jurídicos que van desde la existencia de partidos políticos y de elecciones libres, plurales y universales, hasta la garantía de los derechos y libertades fundamentales del ciudadano, el respeto a las minorías, la tolerancia ante el contrario y diferente y la existencia de múltiples centros de poder, configurándose de este modo en una institucionalización cívicamente aceptada del sentido de la libertad actual.

La democracia, en sentido liberal, se caracteriza, entre otros elementos, por basarse en el principio de la mayoría que decide y elige unos determinados representantes para que estos tomen las decisiones que le conciernen a la plena comunidad política. El principio de representación es esencial en la comprensión de la democracia. Hoy día, ésta sólo puede encontrar su despliegue a partir de la elección de representantes por parte de un conjunto electoral.

El otro elemento significativo es el referente a la garantía y protección de los Derechos Humanos fundamentales, el cual constituye, vale decirlo, uno de los aportes más destacados del Occidente al resto del mundo, toda vez que asume al individuo como poseedor de libertades y prerrogativas particulares y colectivas que deben ser protegidas y garantizadas no sólo por el Estado, sino también por la sociedad en su conjunto.

Afirmamos que la crisis de la Civilización Occidental está íntimamente ligada a los cimientos esenciales de esta sociedad, los cuales son: A) La capacidad para cuestionarse a sí misma y poner en duda la alteridad, con base en la filosofía antigua griega; B) La vigencia del cristianismo como modelo filosófico y moral y la puesta en práctica de sus principios y valores fundamentales; C) La vigencia y materialización de la idea de la racionalidad como característica fundamental del ser humano y de las sociedades del Occidente; D) La Razón de Estado como fundamento del poder político y de la legitimidad de las estructuras de poder; E) La Razón Económica como fundamento de la estructura de Mercado; F) La democracia liberal como forma de organización política plenamente legitimada; G) El ideal universal de los Derechos Humanos y su cada vez más difícil aplicación material. Estos elementos, como cimientos fundamentales de la Civilización Occidental, son puestos frecuentemente contra la pared con la finalidad de cuestionarlos, mientras que lo que observamos es una evidente decadencia de estos principios y de su imposible aplicación práctica.

Sobre la capacidad de adaptación de la Sociedad Occidental ante esta situación de crisis generalizada y estructural, somos partícipes del surgimiento de mecanismos de adaptación que hacen sostenible la misma. En la consideración de que la crisis implica movilización y desplazamiento de factores, lo cual no es necesariamente traducido en una tendencia a la decadencia, estos mecanismos de adaptación surgen para hacer frente a una posible tendencia sistemática a la entropía, abarcando los distintos niveles y profundidades de dicha crisis. A pesar de ello, observamos que en distintos elementos en crisis se ha generado más bien una tendencia a la decadencia, tal es el caso de la dinámica económica y de diversos movimientos políticos, e incluso de la idea de la racionalidad como motor fundamental de la Civilización Occidental.

El Islam es otra forma civilizatoria. Procurar comprender el Islam desde conceptos, perspectivas y razonamientos meramente occidentales, ha acarreado no sólo una incomprensión de esta civilización, sino que se ha incurrido en una homogeneización propia del Occidente, que no permite aprehender su verdadera esencia multivariada, en la que conviven numerosos factores, grupos, cosmogonías y etnias tan distintas entre sí, que habría que hacer, una vez conocida esta heterogeneidad cultural, religiosa, política, familiar, étnica y en modos de vida, enormes esfuerzos por captar elementos comunes que nos acerquen a una comprensión más o menos precisa del Islam. De allí que en lo que sigue, es precisamente esa tarea la que se emprenderá, procurando comprender los cimientos sobre los que se remonta esta civilización.

Al igual que la Civilización Occidental, el Islam se asume a partir del universalismo y de la generalidad. Comprende tanto una cultura como una civilización que se asume de diversas maneras, de acuerdo a la corriente de la que se hable. Entre 1000 y 1200 millones de personas en el mundo son musulmanes, distribuidos en decenas de países, en especial en el Oriente Medio y el norte de África, siendo el Islam la religión que más rápido crecimiento tiene en el planeta. Geográficamente, se concentra en las zonas el Oriente Medio y existen miles de creyentes en los países occidentales y en el Asia.

Su creencia fundamental es No hay más dios que Alá y Mahoma es su Profeta”, contando con varios profetas menores, entre los que se encuentran Adán, Noé, Abrahán, Moisés, Salomón y Jesús, lo que quiere significar que se trata de una cosmogonía teocéntrica que es capaz de configurar la existencia total de los que lo practican. Sus creyentes sustentan su modo de vida en preceptos religiosos que consideran que el hombre debe estar dedicado a la adoración y el culto a Dios como ente único, indivisible y creador de todo lo existente,  de allí que sean cinco los pilares religiosos fundamentales sobre los cuales se sustenta: Profesión de fe; Oración; Limosna; Ayuno y Peregrinación a la Meca.

El Islam es una religión que, en cuanto posee un carácter totalizante, constituye en sí misma una cultura plenamente estructurada que abarca no sólo el ámbito de la fe religiosa y su puesta en práctica, sino también las otras facetas de la vida humana en sociedad, es decir, la administración del hogar, las relaciones interpersonales, el arte, la ciencia, la economía y la política. Sin embargo, el centro de la vida humana se concibe desde una naturaleza religiosa, partiendo desde la fe como fundamento esencial que tiene existencia en el interior personal y que se expresa hacia el exterior en lealtad social vinculada a la teocracia.

Sin embargo, en este lado del hemisferio se es muy dado a pensar que el Islam, así como el Medio Oriente y el norte de África, es un bloque sólido unificado por la religión islámica y por sus tradicionales lenguas escritas. Esta posición propiamente occidental, pasa por alto la presencia de un entrecruzamiento complejo de diferenciaciones lingüística, religiosas, locales, laborales, familiares y de modos de vida presentes en esta región del mundo. En el sentir de Taboada (2009), existe hoy en día una voluntad expresa de diferenciación y particularización en esta región, caracterizada por niveles de conflicto étnico superiores al promedio del resto del planeta y por una participación de la religión igualmente sobresaliente: “Es evidente que el mundo islámico atraviese contemporáneamente y desde hace ya algún tiempo, una de las etapas más críticas de su existencia. Convendría recordar sin embargo, desde un principio, que no es el único que se encuentra en tal situación, y que tampoco le resulta insólita y sin precedentes.

A diferencia del Occidente, en el que el surgimiento del Estado Moderno y su posterior consolidación fue capaz de homogeneizar y evitar la diferenciación en el plano público, en esta región no predominan las tendencias homogeneizadoras de las estructuras sociales y políticas, sino más bien las tendencias históricas que van en sentido contrario, hacia el fraccionamiento y la atomización. De modo que frente a los recientes intentos de sustituir la antigua diversidad por Estados monolíticos y homogéneos negadores de las identidades (muchos de los cuales llegaron a consolidarse como Estados nacionales), es posible hoy día verificar, en la zona de dominio del Islam, nuevas tendencias que reafirman los particularismos, sumado a recientes divisiones y el surgimiento y reinvención de nuevas identidades étnicas. Por ello, así como afirmamos que la cualidad fundamental del Occidente es la crisis generalizada y la movilización de sus fundamentos esenciales, el Oriente Medio se caracteriza por la diferenciación hacia lo interno, con la presencia de fragmentaciones y etnias múltiples, y la diferenciación externa, al contrastarse con el Occidente hegemónico, a partir del carácter universalista del Islam.

Ahora bien, la ya mencionada expresión hacia lo externo de la religiosidad interna, puede adquirir connotaciones políticas fundamentales. Al no existir separación entre la vida religiosa privada y el sentido de lo público, en específico, lo estrictamente político, cuestión ya superada por el Occidente desde hace varios siglos y que ha tenido repercusiones en los últimos años, es posible que estos dos planos de la vida social se confundan en un mismo sistema y convivan; llegando, en el caso de algunos sistemas políticos, a confundirse entre sí.

De modo que diversos movimientos islámicos promueven una no separación entre la vida religiosa y la vida política. Es a esta concepción, que se asume igualmente holística y universal, la que llamaremos “Islamismo” y para ser más precisos, se trata de un marco de creencia y acción que se expresa en la movilización de grupos particulares para quienes no existe tal separación entre el mundo religioso y el político, es decir, no se concibe al Estado en su calidad de laico, tal como sucede en Occidente, sino que más bien el aparato estatal, en cuanto que responsable de la aplicación de la ley, no hace distinciones entre la estructura y contenido de la legalidad, y los mandatos religiosos, es a ello lo que llamaremos “ley islámica” o “ley Sharia”.

En este sentido, el Islamismo no es más que la expresión política fundamentalista del Islam, que expresa la transfiguración de ideas religiosas en ideas políticas y que configura sistemas políticos no racionales que procuran llevar hasta su más alto grado de pureza la vida religiosa. La vuelta a los preceptos religiosos originales y la destrucción de lo que se considera una desviación de los mismos a través del tiempo, es lo que se ha dado en llamar fundamentalismo religioso.

3.- El Islamismo Desamparado o el Genio de la Lámpara

“Soñé que el ciervo ileso pedía perdón al cazador frustrado”

(La Noche de los Monosílabos de Nemer Ibn El Barud)

 

A lo largo de su milenaria historia, el Oriente Medio se ha debatido entre la existencia de grupos fragmentados que tienden a la particularización y a la localización, acentuando las diferencias con los otros, e intentos de agrupar la heterogeneidad en dinastías o formas organizativas del poder que procuran el orden al interior de sus territorios de influencia.

La larga marcha de la conformación de Estados modernos en el Oriente Medio es el resultado de estas luchas intestinas, cruzadas por lo religioso y por esfuerzos racionales que pretendieron organizar las relaciones de poder interindividuales. Durante los siglos XIV y XV, la existencia de pueblos naturalmente dispuestos a convivir requirió, para la concreción de un vivir juntos, el surgimiento de gobiernos estables o dinastías con gobernantes exclusivos sustentadas en la dominación de un grupo de partidarios con tendencia al corporativismo y a la conquista y conservación del poder:

Podría sugerirse que la estabilidad de un régimen político dependía de una combinación de tres factores. Resultaba estable cuando un grupo dirigente cohesionado era capaz de vincular sus intereses con los elementos poderosos de la sociedad, y cuando la alianza de intereses se expresaba en una idea política que legitimaba el poder de los gobernantes a ojos de la sociedad o, al menos, a los de buena parte de la misma.

Fue la conquista del poder lo que llevó a los árabes a dominar su propio espacio original y extenderse hasta Europa, llegando incluso a superar el cristianismo en cuanto que orden civilizatorio y axiológico durante la Edad Media europea.

Sin embargo, el cristianismo medieval, también constituido en imperio religioso y con enorme poder y capacidad de influencia sobre las formas políticas, compartía su poder, de forma antagónica, con el imperio terrenal, llegando incluso a generarse confusiones entre estos dos poderes y, como era de esperarse, fuertes tensiones entre el cristianismo y el islamismo, expresadas en acciones bélicas, de conquista y de mantenimiento del espacio vital. Puede entonces, desde este punto de vista, aplicarse al Islam lo que una vez se dijo sobre el mundo medieval europeo:

Desde el punto de vista de sus formas políticas y sociales, la alta Edad Media transcurrió bajo la tensión entre universalismo y el localismo, es decir, la vida del hombre se desplegaba entre dos polaridades, pues, por un lado, se sentía miembro de una comunidad universal, mientras que, por el otro, su existencia diaria se desarrollaba dentro de ámbitos espacial y temporalmente muy restringidos y que apenas repensaban el horizonte más inmediato.

La necesidad de conquista para poder sobrevivir y conservar el poder, llevó al Islam a cohesionar sus poblaciones y a generar grados de aceptabilidad del poder político. La primera de estas tareas, la cohesión social, se sustentó en generar condiciones de identidad y pertenencia a una asociación determinada, mediante el empleo de recursos míticos y simbólicos que se expresaron en sistemas axiológicos religiosos y políticos que agruparon poblaciones en torno a una figura política centralizadora y que por supuesto, agregaron intereses sociales.

Sin embargo, esta condición de pertenencia y cohesión llevaba en sí misma el germen de su propia destrucción o su propia simiente de decadencia: la posibilidad del surgimiento de tiranías carentes de poderes legítimos. Veamos.

Es la legitimidad un fundamento esencial para el surgimiento de las formas de organización política. La misma implica la creación de una situación de dominación que puede descansar en los más diversos motivos de sumisión, desde la habituación inconsciente hasta consideraciones puramente racionales con arreglo a fines, tal como lo entiende Weber.

Es Weber quien planteará el concepto de legitimidad en la constitución de una tipología de la dominación, para luego extenderlo al ámbito social y político. La legitimidad es definida aquí no en sí misma, sino en relación a sus efectos, en cuanto que soporte cognitivo para la estructura socialmente organizada del poder que facilita a largo plazo la operación del sistema mediante la reducción de la fricción de la coerción y la lucha por el predominio.

Puede decirse que la legitimidad asociada a estas formas políticas del Islam es la de tipo tradicional y la de tipo carismática, en cuanto que tipos puros weberianos. La forma de legitimidad tradicional descansa en la creencia cotidiana en la santidad de las tradiciones que rigieron desde lejanos tiempos y en la legitimidad de los señalados por esa tradición para ejercer la autoridad; se trata de la santidad de ordenaciones y poderes de mando heredados de tiempos lejanos.

Por su parte, la legitimidad de tipo carismática descansa en la entrega extra-cotidiana a la santidad, heroísmo o ejemplaridad de una persona y a las ordenaciones por ella creadas o reveladas. Este tipo de dominación se sustenta en lo extraordinario de una personalidad, por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas sobrenaturales o sobrehumanas o como enviados del dios, o como ejemplar y, en consecuencia, como jefe, caudillo, guía o líder.

Partiendo del carácter polisémico y a la vez polémico propio de la soberanía, se considera que dicho concepto se presenta de forma y contenido tan impreciso, que una teoría de la soberanía política se ha venido desarrollando desde el siglo XVI e inclusive hoy día no se presenta de forma totalmente acabada. Sin embargo, es comúnmente aceptado en teoría política el hecho de que la soberanía reviste al menos dos aspectos esenciales (Bobbio; Pasquino; 1995) y puede ser entendida tanto en un nivel interno como en un nivel externo. Pero en un sentido general, la problemática a la cual intenta dar respuesta la soberanía está referida a la cuestión capital de quién ejerce o quién debe ejercer el poder, de allí su naturaleza esencialmente política, en la medida en que implica poder de mando que transforma el poder de hecho en poder de derecho (Bobbio; Pasquino; 1995), siendo detentada por la autoridad suprema independientemente de la forma de gobierno que se adopte (soberanía es poder creador originario, organizador y limitador del poder político).

De modo que soberanía puede entenderse en un plano interno, como la supresión de los conflictos internos, las guerras civiles y privadas entre individuos de un mismo Estado; es decir, se trata del mantenimiento de la paz, la seguridad y el control político en el marco de las fronteras de la estructura estatal. En el plano externo, soberanía denota la facultad del soberano de hacer la guerra con sus pares e iguales y de defender su propio territorio contra injerencias extranjeras.

Así, puede afirmarse que en el pensamiento político del primer teórico del Estado Moderno, Maquiavelo, se encuentra el primer esbozo de la noción de soberanía que dominaría en Occidente hasta aproximadamente la segunda mitad del siglo XX. La idea de la Razón de Estado puede ser asimilada a partir de la soberanía detentada por el príncipe descrito por el autor, ya que este debe encargarse del sostenimiento del Estado, de su orden y control a lo interno y de la expansión de éste mediante métodos belicosos y violentos, en detrimento del resto de los Estados.

De este modo, el príncipe tiene la función capital de sostenerse en el poder con el fin de asegurar la paz, el control y la seguridad de los individuos que conforman el Estado y para ello cuenta con el recurso de la fuerza y con la potestad legislativa y ejecutiva. Se trata de una visión política racional y realista que Maquiavelo piensa y crea y a la cual sin embargo no le otorga una denominación específica, sino que se dedica a concebir como un racional poder supremo que no admite superiores, divisiones internas ni mucho menos la configuración de un gobierno mixto; ello se constituye en fundamento del Estado Moderno.

Es Thomas Hobbes el que para algunos es el primer teórico fundamental de la Ciencia Política Moderna y del Estado Racional Moderno, al dar racionalidad al contrato civil y fundamentarlo en individuos racionales y egoístas que sacrifican su libertad a cambio de la seguridad y la protección de su vida y propiedades. El autor parte de una situación de guerra generalizada donde el miedo, la desesperanza y la muerte son las situaciones más frecuentes y se hace urgente salir de dicho estado de miseria humana por medio de un indivisible e inquebrantable contrato que dará lugar al nacimiento del Leviatán. El soberano, tercero ante el cual se autoriza el uso del poder sobre los individuos, detenta el poder absoluto, el uso autorizado de la violencia, la soberanía absoluta como poder indivisible, unitario, supremo y que no tiene por encima de sí mismo ningún poder que le limite o le subordine.

Para este autor, así como para Jean Bodin, la idea de la soberanía es central en su obra y se concibe como un poder supremo e ilimitado que en el  primero se resuelve en el uso de recursos coercitivos para el sostenimiento del orden y el control político interno y en el segundo, en hacer y derogar la ley sin necesidad de consentimiento de un superior o igual, ya que es a partir de allí que se mantiene la unidad y cohesión de la comunidad política. Jean Bodin concibe la soberanía como absoluta, perpetua, inalienable e indivisible; trasciende a los propios individuos que la detentan y el soberano no está sujeto a las leyes, no está limitado y este puede crear, derogar y abolir el sistema jurídico o las leyes cuando así lo cree conveniente.

Rousseau identifica la soberanía con el poder legislativo, con la concepción de la Voluntad General, mediante la cual se hacen leyes de tipo general y no particulares o decretos. La noción de soberanía lleva implícita una racionalidad sustancial porque pertenece a una Voluntad General opuesta a la voluntad particular y que apunta al interés general, al bien común (Bobbio; Pasquino; 1995). Y por otro lado, John Locke identifica el poder legislativo con el poder supremo, es decir, con la soberanía en un sentido limitado, debido a la existencia de un contrato inicial que permite que sea el parlamento supremo quien tenga potestades legislativas. Esta influencia la recibirá la Revolución Francesa y la voluntad del pueblo se impondrá en los Estados Democráticos inclusive hasta hoy día. La soberanía pasará a ser aquel poder que detenta el pueblo tal como una vez lo detentó el rey soberano y será Hegel el teórico fundamental que hablará del Estado como manifestación absoluta del espíritu; la voluntad del Estado se constituye y representa la absoluta soberanía y fuente única de validez legal; de allí se deriva el Estado de Derecho o el moderno Estado Constitucional.

En este sentido, el Occidente se caracteriza por promover la soberanía hacia lo interno, mientras que a lo externo se ha visto en la necesidad de “ceder soberanía” y cooperar para el logro de objetivos fundamentales; de allí que algunos se atrevan a hablar de la soberanía en crisis y sin embargo, aún es posible contrastar la idea de la soberanía occidental con el auge del Islamismo, de sus grupos armados y del Estado Islámico, caracterizados más bien por la fragmentación interna, la radicalización, la confusión entre lo político (y la política) y lo sagrado, la ausencia de ejércitos regulares y por supuesto, del Estado de Derecho y Constitucional.

Pues bien, considerando elementos propios de soberanía y de fragmentación política en el seno del Islam, es posible entonces hablar de la existencia de Estados naciones consolidados en esta zona. Ello se asume toda vez que países como Arabia Saudita, Egipto, Kuwait, Argelia, Sudán, Pakistán, Líbano, Marruecos, etc., han logrado consolidar Estados nacionales a partir de la monopolización de la violencia en el marco de un territorio determinado, tal como lo concibe Weber, quien sostiene que el monopolio de la violencia es competencia exclusiva de estas asociaciones políticas.

Asimismo, Hourani (2010) sostiene que la historia política en los países del Oriente Próximo puede explicarse a partir de la idea de la asabiyya  – en cuanto que espíritu colectivo orientado hacia la conservación y mantenimiento del poder – y la misma se materializa a partir de la existencia constante de hombres o grupos de hombres que sostuvieron (y sostienen) poderes tiránicos y muchas veces absolutos.

En el siglo XX, sobre todo a partir de la década de setenta y los ochenta, en pleno contexto de Guerra Fría, el mundo árabe fue protagonista de conflictos que marcaron reconfiguraciones en sus órdenes políticos internos e involucraron a las dos superpotencias mundiales, es decir, Estados Unidos y la Unión Soviética, quienes se vieron envueltas en el conflicto entre Israel y Palestina y entre Israel y el mundo árabe en general. De un lado, Estados Unidos protagonizó un mayor acercamiento con Israel y años más tarde con Egipto, mientras que la Unión Soviética ejercía marcada influencia y prestaba apoyo al resto de los países árabes.

La medición de fuerzas entre el primer y el segundo mundo en territorio árabe aumentó el resentimiento palestino en contra de Israel y obligó a los Estados Unidos a participar activamente en la dotación militar y tecnológica israelí y a hacer frente al sostenido poderío ruso en la región. Posteriormente, el ascenso de poderosos grupos de poder en Irak (1967), Egipto y Siria, determinó el surgimiento de nuevos conflicto entre Israel y Siria y entre Egipto e Israel y nuevamente, una oportunidad para que la Unión Soviética y Estados Unidos midieran sus fuerzas con el uso de armas convencionales.

El surgimiento de fuertes y determinantes liderazgos nacionales continuó a lo largo del siglo XX determinando movimientos políticos reformatorios y unificadores nacionales (asabiyya). Tal es el caso de Nasser en Egipto, Hussein en Irak, de Gadafi en Siria y la dinastía monárquica saudí, hombres fuertes de la política árabe que traspasaron de generación en generación los poderes políticos (legitimidad tradicional weberiana) y que ostentaron capacidad de controlar enormes recursos energéticos y económicos.

En el mantenimiento de los regímenes estaban comprometidos intereses personales; no sólo los intereses de los gobernantes, sino también los propios de los oficiales militares, los altos funcionarios, los gerentes de las empresas del sector público y los técnicos de nivel superior, sin los cuales es imposible el funcionamiento de un Estado moderno.

Estos intereses terminaron consolidando monarquías definitorias de los sistemas políticos en el Medio Oriente, siendo que las mismas constituyen Estados consolidados modernos no necesariamente democráticos, reafirmados por la existencia de fuerzas militares con marcada experiencia bélica y con capacidad de influir en la toma de decisiones en el ámbito internacional, ya sea de forma individual, como en el caso de Arabia Saudita o de forma grupal, en el establecimiento de estrategias políticas comunes a través de organismos de carácter regional o interregional, tales como la Liga Árabe o la OPEP.

El ascenso de gobiernos nacionalistas en la segunda mitad del siglo XX implicó la extensión del control del gobierno central y la influencia de la cultura árabe, situación que convivía con la presencia de diferencias étnicas que acentúan diferencias de intereses y diferencias religiosas:

En buena medida, el problema de la identidad se expresaba por referencia a la relación entre la herencia del pasado y las necesidades del presente. ¿Los pueblos árabes podían recorrer un camino que se les señalaba desde fuera, o podían encontrar en sus propias culturas y creencias heredadas los valores que habrían de orientarlos en el mundo moderno?

Posteriormente, con la caída de la Unión Soviética en la década de los noventa, Estados Unidos se vio ante la oportunidad de ejercer mayor influencia en el Oriente Próximo sin toparse con los obstáculos del poderío ruso. Mientras que los países árabes quedaron desamparados ante la pérdida de un aliado político fundamental y un punto de apoyo esencial, papel que venía desempeñando la Unión Soviética.

De modo que en la contemporaneidad, los Estados naciones árabes pueden ser divididos en tres grupos fundamentales: Egipto, nación políticamente consolidada que se ha acercado históricamente a los Estados Unidos; el grupo de países liderados por Arabia Saudita, cuya actividad económica fundamental es la exportación de petróleo y; el eje constituido por Siria, Afganistán e Irak, centro de las intervenciones militares estadounidenses y rusas y núcleo de las células terroristas fundamentalistas.

Ante tal desamparo, la lucha de los árabes en contra de la influencia de Estados Unidos en la región adquirió nuevos sentidos de despliegue, particularizándose en el surgimiento de movimientos fundamentalista que volvieron a los cimientos originales del Islam y que declararon la guerra santa en contra de Norteamérica, una especie de retomar la ya mencionada guerra de las civilizaciones, tal como una vez tuvo lugar entre los musulmanes y cristianos.

Asimismo, entre los mismos movimientos propios del Islam existen diferencias fundamentales, como la planteada entre los suníes y chiítas, que datan de una extensa tradición histórica y revisten un fundamento esencialmente religioso.

En este choque civilizatorio, la política de intervención estadounidense en el Oriente Medio se presenta especialmente contradictoria en lo que a la imposición valorativa se refiere; ya que por un lado, ondea la bandera de la unidad y homogeneidad política y por otro lado, procura romper con las estructuras políticas centralizadas a partir de la ruptura de las fronteras nacionales, de la acentuación de las diferencias étnicas y de modos de existencia dentro del seno del Islam, así como de la incorporación de diversos territorios nacionales a la dinámica económica internacional.

Para ello, Estados Unidos, motivado por la necesidad de control de las principales fuentes energéticas del planeta, ha intervenido militarmente en esta vulnerable zona, aunque igualmente debe hacer frente a la influencia de una Rusia (y en menor grado de China) que se presenta igualmente incapaz de jugar el rol que asumió dos décadas atrás.

A su vez, diversos conflictos de legitimidad han llegado a presentarse en la actualidad al interior de estos Estados naciones, ya que numerosos gobiernos de la región carecen de legitimidad democrática y diversos grupos extremistas y no tan extremistas pretenden hacer derivar la legitimidad de la Ley Sharia, lo que genera más cotes de conflicto interno que se proyectan hacia lo externo.

4.- “Al·lahu-àkbar” o El Fundamentalismo Contra el Occidente

La vida humana carece de valor.

Su supresión se considera como

medio para alcanzar tal o cual

fin y no como un crimen

abominable.

(Guillaume Apollinaire)

Es esta confusión entre lo político (y la política) y lo religioso la cualidad esencial de los movimientos fundamentalistas, los cuales procuran alcanzar la pureza en la práctica religiosa, como único destino digno que debe ser cumplido por el hombre. Conviene, por lo tanto, con fines prácticos, precisar qué es aquello que entendemos como político y cuál es su relación con la política y cómo el fundamentalismo es capaz de unificar estas relaciones con el mundo religioso.

Para ello nos valdremos de Chantal Mouffe, quien en “El Retorno de lo Político” (1999) distingue entre estas dos nociones (la política y lo político) y afirma que lo político se encuentra asociado a la idea del antagonismo y la disputa, la hostilidad entre distintas partes, en el marco de relaciones humanas de poder.

Dicho antagonismo se manifestará como diversidad en las relaciones sociales, como una concepción no homogénea del acaecer social y del desenvolvimiento de las relaciones entre distintos individuos y facciones políticas. Se trata del rescate de la idea de la lucha por el poder, que se expresa en un antagonismo evidente, noción que el liberalismo, junto a las teorías racional-universalistas y en un intento ingenuamente utópico, han pretendido suprimir del acontecer político.

Por su parte, la política intenta por diversos medios establecer un orden político o lo que se conoce como ordenamiento institucional y estatal, el cual se encuentra atravesado por la concepción de lo político. La política consiste siempre en “domesticar” la hostilidad y en tratar de neutralizar el antagonismo potencial que acompaña a toda construcción de identidades colectivas. El objetivo de una política democrática no reside en eliminar las pasiones ni en relegarlas a la esfera privada, sino en movilizarlas y ponerlas en escena de acuerdo con los dispositivos agonísticos que favorecen el respeto del pluralismo”.

En este sentido, puede sostenerse que lo político define la naturaleza humana fundamental, en el sentido hobbeseano, como condición inherente al ser humano egoísta que procura la satisfacción de sus propios intereses, en detrimento de los intereses y necesidades de los demás. La política, por su parte, pone estos antagonismos en la palestra pública y procura neutralizarlos a los fines de alcanzar no sólo intereses individuales, sino también colectivos.

Es este el caso de los movimientos fundamentalistas, o más específicamente, del Islamismo, toda vez que parte del dogma de que los hombres no son esencialmente buenos por naturaleza y por lo tanto, deben ser impuestas reglas (las cuales tienen una justificación de origen divino) que tienen un alcance general y civilizatorio, toda vez que contrapone al Islam contra el Occidente (lo político en cuanto que antagonismo) y asume la política como guerra universal, con vistas a establecer un orden político dominado por la Ley Sharia.

Pero para la consecución de objetivos políticos,  el Islamismo, al igual que cualquier grupo u organización que aspira alcanzar el poder, debe hacer uso de unos medios o mecanismos específicos y es allí cuando, para el Occidente, entra a considerarse el fenómeno del terrorismo. Ya no se trata sólo del Islamismo fundamentalista, sino que a estos dos términos se le agrega el calificativo de “terrorista”, que alude tanto a objetivos como a medios y que involucra temas esencialmente sensibles, tales como la guerra contra el terrorismo emprendida por los Estados Unidos.

Ahora bien, el caracterizar estos fenómenos con el calificativo de terroristas implica, de igual forma, dedicar un esfuerzo en definir dicho calificativo, para de este modo obtener luces sobre la condición del Islamismo en cuanto que esquema de acción política y en cuanto que actor relevante en el actual escenario internacional.

La definición a nivel global de terrorismo debe hacerse teniendo en cuenta el carácter polisémico del fenómeno, ya que no existe una definición que abarque lo heterogéneo y variado del mismo, sobre todo en el marco de la estructura internacional. Dicho fenómeno ha venido transformándose con el transcurrir histórico, ya sea en sus métodos, medios o fines y además, su forma de presentarse depende de la sociedad, país o contexto en el cual se ubique el observador y analista. En un sentido amplio, implica la práctica de recurrir sistemáticamente a métodos violentos contra personas u objetivos ajenos a conflictos armados en curso, con la finalidad de provocar terror generalizado. Puede decirse del terrorismo que éste atenta contra los Derechos Humanos y las libertades sociales e individuales, amenazando también a la democracia, la integridad territorial y la seguridad de los Estados y de las Organizaciones Internacionales víctimas.

Sin embargo, resulta relevante el hecho de que la sociedad internacional no ha logrado aún acordar una definición de terrorismo general y comúnmente aceptada por todos, privando, en todo caso, las posiciones nacionales sobre lo que se considera o no terrorismo. Así, este fenómeno es visto desde distintas perspectivas y posiciones según los Estados, sus representantes y las organizaciones internacionales y por ello, en las múltiples definiciones, el terrorismo puede ser visto como un acto que ataca los derechos y libertades fundamentales del ciudadano y desde otra perspectiva, puede hacerse énfasis, más que en este aspecto, en las implicaciones de éste para la seguridad estatal.

Pero como elemento común a los movimientos terroristas, estos se manifiestan en un conflicto que involucra acciones violentas movilizadas por sentimientos de frustración, malestar, desesperación y esperanza (teoría de las fuerzas profundas), siendo que en la década presente y pasada se ha caracterizado por ataques espectaculares de extrema violencia y por perseguir objetivos políticos precisos o la implantación de un nuevo orden político regional o mundial, tal como sucede con el fundamentalismo islámico.

Se convierte el terrorismo, de este modo, en un enemigo difuso a atacar, susceptible de estar en cualquier espacio y tiempo y sin embargo, la precisión de los grupos terroristas como enemigo histórico a desaparecer del planeta, es una de las tareas a las cuales se ha dado mayor prioridad en la política exterior de seguridad estadounidense y de algunos países europeos.

Así, la finalidad del terrorismo islámico es la transformación del status quo establecido, es decir, la modificación radical de las estructuras de poder vigentes, convirtiéndolas en centros de asignación autoritaria de valores (autoritaria y no autoritativa, tal como plantea Easton) esencialmente religiosos. El reciente ataque al semanario humorístico francés, la extensión del Estado Islámico y los numerosos ataques perpetrados por Al Qaeda quedan justificados bajo estas premisas fundamentales.

Y es este el elemento especialmente revelador al hablar del fundamentalismo islámico, ya que la violencia y el uso que se hace de ésta es núcleo central de la forma que adquieren los movimientos y sistemas políticos, en cuanto que expresan relaciones de poder en la esfera pública. Así, mientras en el Occidente la violencia es exclusivamente monopolizada por el Estado en un territorio determinado, tal como planteara Weber, y siendo este precisamente el elemento unificador que contrasta con las tendencias disgregacionistas del Medio Oriente, en el caso de los movimientos fundamentalistas radicales la violencia adquiere un sentido local en diversos planos.

En primer lugar, frente a un escenario global que inicialmente se caracterizó como complejo, interconectado y cada vez más homogeneizante, hoy día la violencia ya no es territorializada y los espacios de confrontación han estado al interior de los Estados, con la ausencia de ejércitos regulares nacionales y con protagonismo de fuerzas irregulares con una localización indeterminada y dispersa territorialmente. Dicha violencia, normalmente motivada por conflictos étnicos y religiosos, pone en entredicho el monopolio de la violencia por parte del Estado, de forma tal que al hablar de la guerra contra el terrorismo, se habla de un enemigo no territorializado, sino más bien difuso: “Sin duda, existen continuidades entre la sensación actual de que hay un enemigo invisible que rodea a los ciudadanos de los Estados Unidos y las guerras anteriores, como la guerra contra el comunismo o la guerra contra las drogas. Sin embargo, sería interesante observar las diferencias y preguntarse qué es lo novedoso en la situación actual”.

Lo novedoso de este asunto es que, a diferencia del siglo pasado, en el que era fácilmente identificable y ubicable el enemigo a combatir, en el nuevo milenio, que abre con los ataques al World Trade Center en New York, y continúa con los recientes ataques al semanario francés Charlie Hebdo, el enemigo se presenta especialmente difuso y tiene un alcance mucho más global, al aterrorizar a millones de ciudadanos y abrir las puertas a una cada vez más evidente vulnerabilidad y fragilidad del Estado nación y de las sociedades modernas.

Conocidas ya las intenciones del Islamismo fundamentalista, es necesario entonces expresar que los medios empleados por estos son igualmente difusos. El empleo de carros bombas, armamento convencional, niños combatientes, suicidas y el ataque a centro de la vida civil contrastan con las técnicas y la tecnología militar de las potencias occidentales: “Es necesario precisar que en los actos de terrorismo internacional como los sucedidos el 11 de septiembre del año 2001, se ha comenzado a analizar otro tipo de actitud del combatiente contemporáneo, el inmolado de los grupos fundamentalistas, frente al post heroico de la sociedad occidental, motivadas por el intercambio, más que por el sacrificio”.

5.- El Gran Leviathan o la Asignación Autoritaria de Valores

Escucha ahora tú lo que voy a decirte y lo recordará después el dios mismo. Primero llegarás a las Sirenas, las que hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas. Quien acerca su nave sin saberlo y escucha la voz de las Sirenas ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos; antes bien, lo hechizan éstas con su sonoro canto sentadas en un prado donde las rodea un montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca.

(Canto XII, Las Sirenas, Escila y Caribdis. La Isla del Sol. La Odisea, Homero)

El choque de civilizaciones adquiere una dimensión mucho más global que la mera contraposición cultural sugiere, y son diversos los planos de análisis involucrados. Tanto desde una perspectiva occidental como desde la oriental, lo que se verifica es la imposición forzada y consensuada de valores, patrones de vida y formas de organización del Occidente sobre el Medio Oriente (y sobre el resto del mundo, producto de los esquemas globalizadores), generando situaciones de resistencia o aceptación que ocasionan conflictos y otorgan legitimidad a los movimientos fundamentalistas, toda vez que asumen la tarea de cuestionar los cimientos sobre los que se remonta la civilización occidental.

Hoy día somos testigos de una primera contraposición que ya tiene varios siglos de antigüedad y que ha ocasionado millones de muertes, desapariciones y surgimientos de diversos órdenes políticos, económicos y organizativos; se trata del contraste entre el racionalismo y la teocracia, siendo la primera el gran aporte de Occidente al resto del mundo, centrando la existencia en la figura del hombre como ente que hace uso de sus facultades de razonamiento y de su capacidad de explicar objetivamente su entorno, sin miramientos pasionales y religiosos.

Esta racionalidad cruza la historia de occidente y se constituye en un ideal de existencia cuyos quiebres y auges han sido evidentes en diversos momentos históricos. Los filósofos de la antigüedad griega pretendieron hacer uso de la racionalidad para oponerla directamente al despliegue de las pasiones. Vale destacar la racionalidad inherente al método socrático, cuyo sustento es el uso de la argumentación exhaustiva hasta encontrar ciertas “verdades” con pretensión universalista; o la racionalidad platónica, centrada en la búsqueda de la idea del bien y de la comprensión del sentido de la justicia, así como la racionalidad aristotélica, en la que el  razonamiento como motor de las ideas humanas otorga una condición esencial y especial al ser humano que permite diferenciarlo de los animales y que, precisamente, le confiere su condición de humano.

Asimismo, la racionalidad encuentra su origen en el proceso pensamental humano. En un enorme sentido, ésta se despliega a partir de la “actividad biológica” del pensamiento. A partir de allí, encuentra un sentido que le permite su configuración en una u otra idea sobre el sentido de la existencia. Razonar implica un intento de comprensión de nuestra propia realidad. De modo que realidad y racionalidad tienden a estar íntimamente relacionados en cuanto que procesos y en cuanto que fenómenos.

Pero observando entonces lo polisémico que puede llegar a ser el concepto de racionalidad, hemos de concebir la racionalidad como la actividad pensamental reflejada ordenada y esquemática. Observamos entonces que el “sentido de la racionalidad” implica que cada ser humano es poseedor de esquemas expresados en ideas, formas y conceptos que son inherentes a su propia condición y existencia y estando ya predeterminadas – sea social o mentalmente – estos esquemas se expresan hacia lo interno y lo externo de la persona humana, toda vez que existe una pretensión de orden igualmente hacia lo interno y lo externo. Es esta “pretensión de orden” la que marcará en todo sentido el concepto de la racionalidad, ya que se es racional en la medida que dichos esquemas fungen como ordenadores y sistematizadores de nuestra realidad interna y externa.

Ello se opone a la perspectiva teológica propia del Islamismo, que considera que es lo divino lo que debe predominar en el orden existencial, reduciendo al hombre a mero ser destinado a manifestar y cumplir el mandato divino y dando explicaciones no objetivas y racionales a la existencia humana, cuestión ya superada por el Occidente desde hace varios siglos, siendo que también desde hace varios siglos se ha dedicado a promover e imponer la racionalidad como elemento diferenciador entre lo modernizado y la barbarie y en este punto, encuentra un elemento de aislamiento el Islamismo contemporáneo.

A su vez, se produce un choque religioso fundamental, toda vez que el cristianismo, junto al judaísmo, constituyen los esquemas religiosos propios del Occidente y es natural que se generen contraposiciones culturales entre éstos y el Islam; sin embargo, asumir esta contraposición como algo existencial y en calidad de lucha antagónica y suma cero, para hacer uso de lenguaje de teoría de juegos, es algo propio de los movimientos fundamentalistas y terroristas, que no asumen la posibilidad de la convivencia interreligiosa, mucho menos del sincretismo entre estos esquemas, es decir, escenarios de cooperación y mutuo entendimiento.

El Occidente también ha querido imponer en el Medio Oriente la idea de que la forma de organización sociopolítica democrática liberal es la superior y legítimamente aceptable, es decir, aquella que incluye partidos políticos, elecciones periódicas, separación de poderes, respeto constitucional, etc., siendo que todo modelo político que no se adapte a estos patrones entra a ser considerado dentro del grupo de los modelos políticos despóticos y autoritarios. De forma que el auge del Estado Islámico (ISIS), al atacar a las minorías y no creyentes, suprimiendo todo tipo de libertades, incluyendo las libertades de pensamiento, de expresión, de prensa, de asociación y de disentimiento, justificándose en connotaciones religiosas, puede ser considerado como el fortalecimiento de movimientos políticos no democráticos e incluso, antidemocráticos, que afectan la estabilidad de otros sistemas políticos en el mundo.

Básicamente, el hecho de que el Islamismo ponga en riesgo la estabilidad del sistema político democrático mundial, panacea de la contemporaneidad y de la búsqueda de mayores y mejores niveles de convivencia y cooperación entre los hombres, justifica toda intervención militar que se realice en contra de grupos armados fundamentalistas, más no así, contra sistemas políticos no democráticos y muchos menos contra civilización alguna.

El poner en riesgo la estabilidad occidental, dejando de lado las consideraciones geopolíticas y energéticas, las cuales serán próximamente abordadas, también implica el atentado sistemático contra los derechos humanos, no sólo en las zonas de control (territorial o no) del Islamismo, sino también en territorio europeo y americano, áreas con menos presencia islamista; de forma que la guerra contra el terrorismo es también, en términos generales, la guerra por el respeto y la garantía de los Derechos Humanos y aunque no se ha logrado un consenso internacional sobre lo que se entiende por terrorismo, en lo que sí hay consenso es en la obligación de hacer frente a estas actividades violentas.

La bandera de los Derechos Humanos, en cuanto ondeada por las potencias occidentales, también puede ser utilizada como factor justificador de intervenciones militares en el extranjero y así como una vez la opinión pública se inclinó a apoyar sin miramientos la lucha estadounidense contra el terrorismo, en la actualidad las opiniones sobre la legitimidad de las intervenciones y de la cruzada antiterrorista no son tan homogéneas y también asumen posiciones sumamente críticas.

Democracia y Derechos Humanos son el sustento del Estado nación contemporáneo, pero también lo es la soberanía como elemento de estructuración política fundamental, ausente por cierto en gran parte del Oriente Medio, cruzado también por las tendencias disgregadoras y desintegradoras y la búsqueda constante de identidades frente a las tendencias homogeneizadoras modernas, a pesar de las pretensiones del Estado Islámico de ser reconocido como un “Estado” en el pleno sentido del término.

Asimismo, las nuevas tendencias globalizadoras, protagonizadas por las potencias occidentales, también traen consigo la homogenización a partir de patrones económicos basados en el liberalismo, la preponderancia de las libertades individuales económicas, la reducida intervención del mercado y la completa apertura de este a la dinámica económica internacional; lo cual contrasta no sólo con la ausencia del Estado en muchas zonas del Medio Oriente y con la presencia de sistemas políticos inestables, sino también con su condición de zona generadora de materias primas y fuente energética del planeta, lo que implica condiciones de desigualdad geoestratégica y abre espacios al debate sobre la condición económica de la lucha contra el terrorismo. Se trata, en este sentido, de la liberalización de las estructuras económicas, con vistas a insertar las economías locales en la lógica de la economía global.

6.- The Hurt Locker o La Guerra Contra el Terrorismo

“Los na´vi dicen que cada persona nace dos veces. La segunda es cuando ganas tu lugar en el clan para siempre.” (Avatar).

La guerra contra el terrorismo protagonizada por los Estados Unidos tiene ya una antigüedad de 14 años. Desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, este país ha puesto como prioridad lo que ha denominado una política de guerra contra los que considera sus enemigos existenciales y contra aquellos que acusa de colaboracionistas. No se trata de un enemigo convencional ni de un ejército regular, mucho menos de una nación en particular. Se trata, en gran sentido de una guerra que revierte dos ámbitos: la lucha contra el terrorismo y la lucha civilizatoria. Dos ámbitos que tienden a confundirse y que deben ser tratados en sus diferencias y semejanzas.

Enormes recursos económicos fueron dedicados inicialmente para poner en práctica la guerra contra el terrorismo y la conformación de alianzas internacionales han sido fundamentales en estas operaciones, sobre todo con países tales como Gran Bretaña, España, Portugal Italia, Polonia, Dinamarca, Australia y Hungría, países de Europa del Este, Israel y Kuwait; siendo que naciones tales como Alemania, Francia, Bélgica, Rusia y China se opusieron activamente a estas operaciones.

De allí que inicialmente, Estados Unidos procedió a la invasión militar de naciones enteras, tales como Irak y Afganistán, bajo el fundamento de que las redes fundamentalistas operaban en estos territorios, atribuyendo inicialmente a Osama Bin Laden y a Al – Qaeda, vinculados al régimen talibán afgano, el liderazgo de dichas redes. Dichas operaciones militares parecieran constituir la guerra sagrada norteamericana contra la red de terrorismo internacional.

Estados Unidos, en su papel de hegemón internacional y coherente con sus principios en Política Exterior, ha procurado un redimensionamiento de las relaciones políticas en el Medio Oriente, primero sustentadas en la premisa de que en esta región del planeta se encontraban armas de destrucción masiva, lo que acarreó la invasión de Irak en el año 2003 y el derrocamiento posterior del gobierno de Saddam Hussein.

Una cruzada moderna en contra de las redes terroristas internacionales fue llevada a cabo y para ello, el gobierno estadounidense debió convencer a la opinión pública de la legitimidad de esta lucha: “Al gobierno norteamericano le fue muy fácil de convencer a su opinión pública “humillada y atemorizada” de la bondad y la justicia de la invasión de Afganistán, pese a que ninguno de los terroristas del 11 de septiembre fuera de nacionalidad afgana”.

De modo que se instituyó una opinión generalizada y casi sin oposición de que es deber moral de los Estados Unidos hacer uso de todo su potencial bélico para erradicar del planeta las redes terroristas y asegurar su propia supervivencia y la de sus ciudadanos, lo que implicó un aumento de la xenofobia, la segregación étnica, la discriminación y la intolerancia hacia los ciudadanos de origen árabe o relacionados con la religión musulmán, pasando esta lucha del plano político – bélico, al plano civilizatorio y cultural.

La opinión pública se dividió en dos corrientes. De un lado, aquella que apoyaba moralmente la lucha emprendida por los Estados Unidos en contra de la red terrorista internacional y que hacía énfasis en la necesidad histórica de supervivencia civilizacional; y de otro lado, la que considera que estas incursiones responden a una política de reconfiguración geopolítica en el Oriente Medio a favor de los intereses estadounidenses, así como a su estrategia de controlar los enormes recursos petroleros de esa zona del planeta.

En este punto, vale entonces considerar la tan discutida y controversial tesis de Huntington del choque de las civilizaciones, la cual, a diferencia de la de Fukuyama, minimiza las consideraciones económicas y enfatiza en los condicionantes sociológicos y culturales, como ámbitos definitorios de un conflicto concebido desde un Occidente y centrado en los bordes del Atlántico Norte, amenazado existencialmente por una civilización menos modernizada: “La tesis del choque de civilizaciones de Huntington propiciaba una excelente fundamentación ideológica de respuesta inmediata a los hechos terroristas, dándose inicio entonces a una cruzada guerrerista contra dos países árabes: Afganistán e Irak, considerados países “bárbaros” por sus peculiares creencias religiosas y la connotación que las mismas le imprimen a sus formas de vida”.

La tesis de Huntington (2001) apunta al hecho de que la principal fuente de conflicto en la actualidad no son los choques ideológicos y políticos, sino más bien los culturales, expresados a través del enfrentamiento entre naciones o grupos de civilizaciones de diversa naturaleza; entendiendo a su vez como civilizaciones las entidades culturales con organizaciones de personas con idiomas, historia, religión, costumbres, instituciones y autoidentificación subjetiva de la gente. En la actualidad, la civilización occidental, confuciana, japonesa, islámica, hindú, eslava ortodoxa y latinoamericana son especialmente dinámicas, ascienden, descienden, se dividen y se fusionan.

Sin embargo, centrar el análisis mera y exclusivamente en una perspectiva cultural, aunque tiende a ser totalizante y universalizante y considera elementos filosóficos e históricos, deja de lado los elementos psicológicos y antropológicos, los económicos y administrativos y los políticos y sociológicos. Hoy en día, este plano cultural, aunque en una primera instancia sirvió de marco explicativo para comprender la contraposición entre Occidente y el Islam, así como el aumento de las tensiones entre las personas de ambos mundos, resulta incompleto para explicar las recientes tensiones en el Medio Oriente, cruzadas sobre todo, al menos desde la estrategia estadounidense, por elementos políticos y económicos.

Las recientes manifestaciones del terrorismo internacional son muestra de la necesidad estadounidense de intensificar las estrategias de su cruzada antiterrorista, ya que luego de 14 años de despliegue militar y de intervenciones militares en el Medio Oriente, incluyendo intervenciones aparentemente solapadas en territorio sirio y libio, no han tenido éxitos realmente tangibles, al menos en la capacidad de controlar la proliferación y manifestación de redes fundamentalistas violentas que pongan en peligro la seguridad de su población.

Sin embargo, por otro lado, habría que también evaluar cuáles son los logros estadounidenses en términos de geopolítica internacional y en términos económicos para poder hablar o no de una estrategia coherente de la política estadounidense en el Medio Oriente, claro está, asumiendo que sus intenciones inmediatas vayan más allá de la mera protección de los Derechos Humanos, la defensa de la democracia y la lucha contra el terrorismo en esta región del planeta y a su vez, asumiendo que existe continuidad en los principios de la política exterior estadounidense y no, como han querido ver numerosos analistas, unos principios que dependen del ascenso al poder de los gobiernos, resaltando las diferencias entre la administración Bush y la administración Obama.

Entonces, enfocándonos desde esta perspectiva geopolítica, este enfrentamiento solapado entre sistemas ideológicos, políticos y económicos distintos procura, desde una perspectiva estadounidense, garantizar espacios geopolíticos de importancia estratégica fundamental, tales como el control de fuentes energéticas – las mayores reservas de crudo se concentran en esta zona – y la contención del poderío de Rusia en el Oriente Medio.

De allí que la política estadounidense en el Oriente Medio, revista diversos principios de acción y despliegue fundamentales, entre los que se cuenta la reiteración del destino imperial de los Estados Unidos y su necesidad de continuar siendo el hegemón por excelencia. Por ello, ha aplicado una estrategia de retomar viejos aliados alrededor del mundo, incluyendo también el Oriente Medio, sobre todo con países como Arabia Saudita, Egipto e Israel y por supuesto, con Rusia, a pesar del detrimento que tiene para este país el avance de los Estados Unidos en la zona, de allí que, en principio, “(…) la alianza táctica entre Moscú y Washington parecía establecer una condición necesaria para controlar los estallidos de turbulencia en la interacción entre las sociedades racionalistas a la manera de Descartes (en donde la realidad del mundo es externa al observador) y un mundo islámico con lealtad social vinculada a la visión teocrática o interna en relación al observador”.

Estas nuevas alianzas incluyen también acuerdos en el ámbito militar, que acentúan aún más las diferencias intrarregionales y aumentan el poderío y el control de los Estados más consolidados de la región, a saber, Arabia Saudita y Egipto. De allí que una de las pretensiones estadounidenses en la región sea la resolución del conflicto árabe – israelí, inclinándolo a favor de Israel en cuanto que centro de operaciones militares americanas en el corazón del Oriente Medio.

7.- Los Retos Conjuntos del Oriente y el Occidente

Era uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adondequiera que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las palabras al pie”.

(George Orwells, 1984).

Recientemente, y como un hecho inusual, el Gobierno de los Estados Unidos de América reconoció que fue un error político no enviar un funcionario de más alto nivel, tal como el Secretario de Estado o el Presidente Obama, a la marcha contra el terrorismo llevada a cabo en Francia luego de los recientes ataques terroristas contra el semanario Charlie Hebdo. La política estadounidense en el Medio Oriente y la lucha contra el terrorismo internacional encuentra también debilidades y desafíos que deben ser asumidos, al igual que sucede con el Islam, desde diversas perspectivas y puntos de encuentros.

Son numerosos los retos y desafíos a los que se enfrenta el Islam y el Occidente. El primero, implica asumir la necesidad de que la civilización occidental y el Islam convivan y de que los conflictos de carácter universal que actualmente tienen lugar en el planeta no se radicalicen de tal modo que adquieran un carácter existencial y de guerra generalizada que ameriten la necesaria erradicación del otro, de allí la importancia de enfrentar estos conflictos desde la esencialidad de la persona.

El esencialismo de la persona va más allá de la noción de ciudadanía y de la vigencia del carácter universal de los Derechos Humanos, conceptos de origen fundamentalmente occidental y que hoy en día se presentan insuficientes para abordar la complejidad que implica el existir como ser humano en el mundo moderno.

De un lado, el Occidente se enfrenta ante el desafío de comprender que la noción de Derechos Humanos, uno de sus pilares fundamentales, no es necesariamente explicativo de las dinámicas propias del Islam y de su presentación multivariada y heterogénea. Más bien, asumir como personas al conjunto de individuos que se despliegan culturalmente desde esta civilización es fundamental, ya que el despliegue y desarrollo de las libertades fundamentales implica la existencia de condiciones sociopolíticas y económicas precisas, asociadas sobre todo al mundo occidental, tales como la existencia de un sistema jurídico racional, de Estados democráticos fuertes y consolidados, de condiciones económicas de adaptación a la movilizada dinámica internacional y de una sociedad civil consciente de sus derechos políticos y económicos. El Islam no es homogéneo y no necesariamente presenta estas características.

Del lado del Occidente, la convivencia con el Islam en territorio europeo ha implicado la cada vez mayor presencia de comunidades musulmanas con pretensiones de integración total a las sociedades occidentales. En este ámbito, la noción de Derechos Humanos también se presenta inabarcante e insuficiente para explicar la integración de dichas comunidades a las sociedades modernizadas. Lo mismo sucede con la noción de ciudadanía, en cuanto que capacidad para el ejercicio de los derechos políticos activamente en el seno del Estado moderno. Los Derechos Humanos y la ciudadanía son nociones que van de la mano y hoy día es dudable su capacidad de explicar estas nuevas integraciones: Las comunidades islámicas recientemente erradicadas en Europa no son grupos de ciudadanos europeos que ejercen activamente los derechos políticos, mucho menos comunidades cuyos Derechos Humanos están plenamente garantizados por los Estados europeos, situación acentuada en países como Francia y Gran Bretaña.

En el sentir de Ferrajoli (2003) los conceptos de soberanía y ciudadanía han entrado en una crisis general paralela a la crisis del Estado Nación al cual están estos ligados, y ello debido al cambio de paradigma en el derecho internacional público y en el orden de los derechos de los Estados, produciéndose dos antinomias fundamentales entre soberanía y ciudadanía de un lado y entre constitucionalismo y Derechos Humanos por otro, de manera que ciudadanía y soberanía han perdido efectividad en el mantenimiento del control interno y en la garantía de los Derechos y libertades fundamentales.

Más aún, nuevos elementos nacionalistas están teniendo auge y consolidación en el seno de los Estados modernos europeos, lo que complica mucho más el escenario, toda vez que dichos nacionalismos implican la vigencia de elementos patrióticos y la exaltación de los valores occidentales, así como la diferenciación de “los otros” en cuanto que contrarios y adversarios a los cuales tiende a culpabilizarse y a identificarse como causantes de crisis económicas, destacando la falta de oportunidades de empleo y el desmejoramiento de la calidad de vida.

Frente a estos nuevos resurgimientos nacionalistas y segregacionistas que, tal como se ha visto, encuentran también vigencia en el ámbito público norteamericano, con mayores y menores grados, se impone la necesidad de concebir nuevos sistemas políticos que, basados en las reglas de la mayoría, se desplieguen en su capacidad de desarrollar mecanismos democráticos capaces de respetar a las minorías y de incorporarlas a la vida pública nacional.

Ello prueba no sólo la capacidad del Occidente de asumir a estas comunidades y manifestaciones como parte de su propia complejidad, sino también del mundo islámico de integrarse efectivamente en la dinámica de un mundo interconectado y en constante cambio y movilización, así como en el seno de las sociedades abiertas contemporáneas.

En términos prácticos, el Islamismo desesperado, y más aún, el Islam desesperado, tal como se ha planteado aquí, implica de igual forma que el mundo musulmán no está precisamente capacitado para hacer frente a estos cambios vertiginosos y asumir la convivencia civilizacional como un imperativo de los seres humanos en la modernidad. Por ello se explica la existencia cada vez más marcada de grupos fundamentalistas, la extensión de sus zonas de control y la puesta en duda de la capacidad de los Estados nacionales del Oriente Medio de poder controlar efectivamente el orden interno, considerando la mixtura cultural que caracteriza el mundo del Islam.

A su vez, en términos de la relación entre el Islam y el Estado – toda vez que este último procura agrupar la diversidad étnica y la heterogeneidad cultural dentro de un mismo espacio territorial y a su vez, pretende recoger los sentimientos nacionalistas de pertenencia a un orden superior que va más allá de las diferencias étnicas y se basa en formas organizativas del poder – ello representa otro reto a superar por el Islam, ya que las más recientes manifestaciones violentas en Rusia, Chechenia, Níger, Malí, Pakistán y Egipto en contra de lo que consideran un irrespeto a sus dogmas por parte de Charlie Hebdo, indica que, al igual que sucede con los Estados del Occidente, algunos de estos Estados con mayoría musulmana son también incapaces de controlar en su totalidad los desórdenes internos que ponen en peligro la estabilidad política y la seguridad de sus poblaciones.

Por otro lado, en su condición de cultura dominante, el Occidente está obligado a no ceder ante las presiones de los grupos fundamentalistas y a hacer la guerra contra el terrorismo, toda vez que mientras más avances este último tenga, más vulnerabilidad enfrenta el Occidente, de allí que la relación sea de esencial conflicto. Por ello, ceder en la libertad de expresión sería ceder ante los avances del terrorismo. Ello requiere, por supuesto, revisar la forma como la misma se ha desplegado hasta ahora, a los fines de hacerla más acorde con las necesidades de convivencia civilizatoria, lo cual no implica reducir su ámbito de despliegue sino que por el contario, este se amplía.

Lo mismo sucede también con el resto de las libertades fundamentales. No puede el Occidente ceder ante presión alguna, sea interna o externa, que pretenda menoscabar el ejercicio de la libertad de pensamiento, de vivir, de criticar los órdenes vigentes, de existir en un mundo seguro. Pero tampoco puede el Occidente menoscabar estos derechos entre las poblaciones musulmanas, ya que a pesar que las nociones de Derechos Humanos y ciudadanía no son especialmente explicativas de la realidad islámica, también está presente, como un marco que impone límites, el esencialismo característico de la noción de persona. Y ello sí que es común a todos los hombres.

Más aún, tanto el Medio Oriente como el Occidente están en la obligación cultural de cuestionar sus propios cimientos, hoy día marcados por la presencia de una crisis generalizada que afecta tanto más al Islam que al Occidente, toda vez que la crisis es inherente a este último, implicando movilidad y cuestionamiento constante y no necesariamente decadente, mientras que en el caso del Islam, acorralado ante el avance valorativo de las sociedades más modernizadas, dicha crisis se expresa en términos de decadencia y cuestionamiento destructivo de sus propios cimientos. Este es el ámbito cultural y universal del Islamismo desesperado.

8.- Conclusiones: La Crisis del Islamismo Desesperado

La felicidad de mi existencia, tal vez su carácter único, se debe a su fatalidad: yo, para expresarme en forma enigmática, como mi padre ya he muerto, y como mí madre vivo todavía y voy haciéndome viejo. Esta doble procedencia, por así decirlo, del vástago más alto y del más bajo en la escala de la vida, este ser décadent y a la vez comienzo.

(Nietzsche, Ecce Homo)

 El Islamismo está desesperado. Y dicho desespero abarca diversos planos fundamentales. El primero, tal como se ha afirmado, comprende una crisis de civilización que reviste un carácter generalizado y universal que, a diferencia del Occidente, en el que dicha crisis no implica una necesaria decadencia, tiende a poner en duda los cimientos del Islam y su capacidad para adaptarse a los vertiginosos cambios mundiales contemporáneos.

El Islam no es una civilización homogénea que pueda ser analizada desde un único plano, ya que presenta en su interior numerosos factores de diversa naturaleza, que van desde lo étnico, lo político, lo económico, lo comunitario, lo lingüístico, etc.; la diferencia con el Occidente radica en que en el caso del Islam, tiene presencia una crisis de fraccionamiento decadente que se acentúa con la movilización de numerosas etnias, movimientos político – religiosos y Estados naciones consolidados que difieren violentamente entre sí. Lo que indica que, en esta zona del mundo, la violencia no es exclusiva de los Estados nacionales, tal como sucede en el Occidente.

De allí que sea el Occidente, en aras de convivencia universal e intercivilizacional – y en cuanto que civilización dominante que emplea como medios su poderío económico, militar y tecnológico, los cuales le permiten asignar autoritariamente valores que no se corresponden con la naturaleza original y cultural del islam- el que deba imponer su racionalidad y su laicismo en crisis en esta zona del mundo, lo que contrasta con el dominio de la religiosidad y la espiritualidad y con la confusión fundamental entre religión y política que caracteriza numerosos países y movimientos a lo interno del Islam.

Se trata, en términos generales, de la lucha entre el teocentrismo y la racionalidad, siendo que la balanza se inclina hacia esta última, en cuanto que logro fundamental del Occidente consolidado desde hace varios siglos; mientras que el Islam asume una lucha existencial, tan existencial como la lucha que asume Occidente, pero el confundir (mezclar) política con religión le otorga ventaja a nuestra civilización.

Esta confusión es la que otorga sentido a los movimientos fundamentalistas, que explicitan públicamente sus dogmas religiosos y asumen el Estado teológico como norte a alcanzar, confundiendo el imperio de la ley con el imperio de la religión y colocándolos en un mismo plano. Es el actual fortalecimiento de ISIS en el Oriente Medio un ejemplo de esta radicalización. Sin embargo, a pesar de su aparente fortaleza y sus métodos terroristas y violentos, dirigidos a contrarrestar el poder de sus vecinos árabes y de los países europeos, no se presenta como una opción de organización estatal atractiva para el resto del mundo, mucho menos para las potencias militares que le hacen frente y que se sienten amenazadas ante su avance.

De modo que el Estado Islámico tiende a no ser sostenible en el largo plazo, toda vez que el reconocimiento internacional se ha convertido, desde 1945, y hoy con más intensidad (tómese en cuenta los conflictos de reconocimiento de Israel luego de 1945 y de Palestina y Saharaui en la actualidad) en uno de los requisitos fundamentales para la existencia de un Estado nación contemporáneo y además, los dirigentes de este grupo fundamentalista parecieran subestimar la capacidad de las potencias occidentales de erradicarlos violentamente.

Las acciones militares de las potencias occidentales en esta zona, se justifican entonces en el riesgo que corre la democracia mundial y la seguridad ciudadana, no sólo en los países europeos y en los Estados Unidos, sino también en los Estados consolidados del Oriente Medio. Al poner en riesgo los valores políticos fundamentales del Occidente, el fundamentalismo se acorrala a sí mismo y asume una lucha existencial en la que lleva clara desventaja militar y económica.

Asimismo, la existencia de Estados naciones consolidados en esta zona del mundo, lleva a puntos de encuentro y confluencia entre el Oriente y el Occidente. A lo largo de las décadas, algunas regiones han sabido como unificar la heterogeneidad y la fragmentación y se han constituido en Estados naciones con sentido moderno, como es el caso de Arabia Saudita y Egipto, países que también fueron marcados por la denominada primavera árabe, movimiento con enorme impacto sociopolítico que marcó el inicio de derrocamientos de gobiernos y mayores demandas de libertades y derechos civiles en esta región.

La caída de la Unión Soviética, potencia que brindaba sustento militar y económico al Oriente Medio, marcó otro punto de desespero para el Islamismo (y el Islam), toda vez que esta región se vio desamparada, al no encontrar un punto de sustento y apoyo en alguna potencia militar y económica europea, papel que hoy en día procura cumplir Rusia, quien además se enfrenta a la marcada influencia de China y de los Estados Unidos en la región, esta última desplegada desde la acción violenta de intervenciones militares en territorio árabe, la conformación de alianzas históricas con Estados como Egipto, Israel y Arabia Saudita y la procura de consolidar Estados naciones modernos en Irak y Afganistán.

Finalmente, la actual situación de contracción económica mundial, a la que se suma la reciente caída de los precios del petróleo producto de la política estadounidense de reducir sus costos marginales de producción, constituye un reto más a asumir por parte de los países árabes productores de petróleo y los grupos fundamentalistas islámicos, quienes se enfrentarán a la carencia de recursos en los próximos años y tendrán que responder a las exigencias de mejoramiento de las condiciones de vida de sus poblaciones, situación que reafirma aún más nuestra propuesta definitoria inicial del Islamismo desesperado.

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A PROPÓSITO DE LOS ANUNCIADOS CONTROLES DE PRECIOS

* Rubbi Rada. Magister Scientiarum en Economía. Doctorando en Economía por la Universidad Central de Venezuela.

El gobierno nacional ha anunciado su propósito de aplicar mayores controles de precios a los bienes y servicios del mercado interno, a sabiendas de que los hasta el momento aplicados han sido efectivamente contraproducentes. Este nuevo control sería propuesto por el Ejecutivo Nacional ante la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) e implicaría el congelamiento de precios, acompañado de controles efectivos y físicos sobre los actores del mercado. En este sentido, el presente análisis es una proyección económica aplicable desde la aprobación del instrumento jurídico de control.

Supuestos Básicos:

1. Se excluye del análisis el impacto económico negativo que el escenario de supraestado, encarnado en la ANC, tiene sobre las expectativas del empresariado nacional, del inversionista privado internacional, del consumidor nacional y del sistema complejo de variables macroeconómicas nacionales.
2. Se excluyen del análisis las consecuencias de mayores sanciones económicas a la nación por parte de la comunidad internacional.
3. Se asume que una alteración de una variable macroeconómica, producto de una política económica, afecta el resto de las variables y el sistema económico en su conjunto.
4. La proyección que se hace es estadística, como toda proyección económica y como todo acercamiento al conocimiento de la Naturaleza.
5. El punto de partida es un eventual decreto o “ley” de congelación de precios del mercado de bienes y servicios.

Escenarios Proyectados:

1. El solo anuncio del decreto de congelación de precios, que es un control sobre las ganancias de los oferentes, afecta las expectativas de los empresarios y desincentiva la inversión privada, lo que impacta negativamente en el maltrecho aparato productivo nacional y aumenta la escasez de productos.
2. La escasez de productos tiene como efecto el aumento de sus precios, que en la actualidad se acelera, pero como es posible la existencia de un decreto de congelación de precios, el mercado negro (tráfico, “bachaqueo”) se fortalece aumentando sus precios. La diferencia entre el mercado regulado y el no regulado es, en la actualidad, según las últimas estimaciones, de más de 8.000 %.
3. En cuanto que el mercado negro representa una porción mayoritaria del mercado de productos nacionales, la inflación real (de los mercados de bienes y servicios, incluyendo el mercado negro) crece, lo que disminuye el salario real de los consumidores, es decir, su poder adquisitivo.
4. En cuanto que se asume que serán aplicadas sanciones (o se amenaza con aplicarlas) a los traficantes ilegales (vendedores de productos sin regulación oficial de precios) el riesgo del comercio privado aumenta, lo que lo desincentiva, lo que aumenta la escasez, lo que aumenta los precios, lo que afecta negativamente el salario real.
5. La política de asignación de divisas ha sido consecuentemente insuficiente. A la insuficiencia se suma el favoritismo en la asignación, su condicionamiento político y la corrupción asociada (que aprovecha la inflación del mercado negro de divisas). La producción se congela, aumenta la demanda de bolívares (en la que participa también el gobierno), baja temporalmente la demanda de divisas del mercado negro, bajan sus precios, la nueva insuficiencia de divisas recrudece el control, lo que aumenta los precios nuevamente, lo que favorece a los beneficiados con la asignación y aumenta los precios de productos tazados con anterioridad a niveles de divisas del mercado negro.
6. Todos los escenarios anteriores aumentarán las situaciones de protestas, con lo que el gobierno se verá obligado, como medida populista, a decretar nuevos aumentos de salarios, lo que aumenta los precios de los productos del mayoritario mercado no regulado, creando la apariencia de mayor poder adquisitivo.
7. Los efectos del aumento de salario se sentirán en las pocas empresas productoras formalmente funcionales, que no podrán aumentar los precios de sus productos para poder cubrir los nuevos costos de producción, lo que las obliga a reducir la producción, manteniendo el mismo número aproximado de empleados, debido a la existencia de la inamovilidad laboral. A mediano plazo, con congelación de precios, inamovilidad laboral y nuevos aumentos salariales, estas empresas están destinadas a desaparecer.
8. Las empresas informalmente funcionales se verán obligadas a despedir personal (lo que aumenta el desempleo y el descontento ciudadano), producto de la situación de riesgo generalizada. Al reducir personal, reducen la producción al no poder abaratar los costos de producción crecientes. A mediano plazo, estas empresas están también destinadas a desaparecer.
9. El mercado de tráfico no regulado, moviéndose con inflación, lo seguirá haciendo, lo que consecuentemente obliga a los proveedores nacionales e internacionales de productos a continuar una “escalada inflacionaria” simultánea.
10. La inflación (que aumenta las expectativas de ganancias de los comerciantes) consolida el mercado no regulado, lo que afecta negativamente la capacidad de consumo.
11. La disminución del consumo afecta negativamente el PIB, que también se ve afectado por la disminución de la inversión (del ahorro), por las exportaciones y por un aumento esperado de las importaciones, parcialmente impedido por los bajos precios del petróleo y por los compromisos internacionales adquiridos por la nación. Esto quiere decir que las importaciones gubernamentales aumentarán, en especial de alimentos y otros productos básicos, lo que obligará al Estado a un mayor endeudamiento, producto de su incapacidad de hacerse con recursos y por estos incontrolados compromisos internacionales.
12. La tendencia visible indica la incapacidad del gobierno de satisfacer la demanda de productos, situación que se agudizará tanto debido a los numerales anteriores, como a la pérdida de capacidad de control del gobierno a nivel interno, lo que obliga a asignar recursos a campañas electorales, aumentos de salarios, control de militares, compra de votos en organismos internacionales, etc.

Consecuencias Generales de los Escenarios Proyectados:

1. La situación descrita se nomina, usando a Malinvaud, estanflación, como distorsión clásica P que sube W que baja, donde P son los precios y W los salarios reales. Usando a Benassy, la situación es de estanflación P que sube W que baja, donde el poder adquisitivo cae. En ambos casos se da una situación en la que la demanda de consumo es menor que la oferta. El mercado laboral expresaría una oferta mayor que la demanda, en ambos casos, de no ser por la distorsión producto de los controles gubernamentales.
2. La acumulación de controles amenaza con hacer desaparecer definitivamente el aparato productivo nacional si no se toman las medidas necesarias.
3. Aumento de la dependencia ciudadana frente al gobierno, lo que obliga a los ciudadanos a subordinarse a los mecanismos subsidiados de distribución de alimentos y por lo tanto, al poder político.
4. Fortalecimiento del mercado no regulado, producto de la política gubernamental de control.
5. Inflación exponencialmente creciente, caída exponencial del PIB, caída del consumo, aumento de la escasez, pérdida exponencial del salario real, aumento del desempleo.
6. Aumento del conflicto social, del malestar ciudadano, mayores posibilidades de una hambruna nacional y de una crisis humanitaria, consecuencia de la sola puesta en práctica del anunciado mecanismo de control de precios.
7. Esto demuestra que el simple anuncio de controles gubernamentales sobre el mercado de bienes y servicios es capaz de distorsionar la economía nacional de forma tal, que no hace falta la aplicación efectiva de mayores controles para afectar negativamente el resto de las variables macroeconómicas.
8. Reservo para otra ocasión mayores detalles y posibles recomendaciones y elementos de acción frente a esta situación.