POSIBLE NUEVA ALTERNATIVA POLÍTICA EN VENEZUELA O DE LA EXISTENCIA POLÍTICA

*Rubbi Rada. Licenciado en Ciencias Política “Summa Cum Laude” por la Universidad Central de Venezuela.

rada.rubbi@gmail.com

 

En este escrito reflexiono sobre las posibilidades de una alternativa política de acción frente a la cada vez más acentuada polarización política nacional. En conversaciones con una querida colega, ella acertaba en calificar esta alternativa de “tercera vía” y aunque diferíamos en la forma de denominarla, coincidíamos en lo más importante, que es el contenido de la propuesta, es decir, la necesidad de que en Venezuela se estructure una salida al creciente clima de conflicto radical, que afecta sobremanera el bienestar de todos los ciudadanos.

Pero antes de discernir sobre el contenido de esta alternativa o “tercera vía”, me permito comenzar a problematizar sobre su misma posibilidad y su misma viabilidad, tratando de observar qué grupos representan tal alternativa y hacia dónde debe dirigirse un discurso que vaya más allá de la alternativa gubernamental y de la alternativa de la MUD. Por lo tanto, doy comienzo a esta disertación dejando en claro la problemática a la que en estos tiempos hemos de enfrentarnos: Venezuela atraviesa, en estos momentos, una crisis de existencia política que ha de agudizarse con el correr del tiempo y ante la cual es una imperiosa necesidad actuar.

En cuanto que problemática, son varios los pasos que deben ser asumidos, porque van desde su identificación, desglose y exposición de soluciones posibles en el corto y mediano plazo, respondiendo a la premura a que obliga la actual crisis política nacional.

Aduzco entonces que el concepto de la política (o de lo político) que aquí considero es tan sólo capaz de definir la problemática en un sentido negativo, en cuanto ésta se mueve en lo que dicho concepto especifica como no-político, que es lo que carece de polémica, de problema público por sí mismo. Me inclino a tomar como “concepto de lo político” aquella fórmula que Carl Schmitt, en su famoso estudio dedicado al mismo tema de la existencia política, distingue entre amigos y enemigos, como el ámbito en el que se resuelve la actividad política. La vida política es de amigos y enemigos, de luchas agonales y existenciales, de conflictos de intereses muchas veces irreconciliables y es por ello una actividad, un ámbito esencialmente problemático. Es esta definición, por lo tanto, la que es capaz de definir las fracciones políticas encontradas, aquellas que en el juego del poder se disputan las capacidades de decisiones públicamente vinculantes.

Paso ahora a considerar el estado de esta distinción entre amigos y enemigos en la Venezuela actual, para dar cuenta del carácter negativamente definitorio del concepto:

Amigos y enemigos son grupos que sólo el Estado es capaz de definir, según Carl Schmitt, toda vez que es éste el detentador de la soberanía, entendida como la capacidad de poner en vigencia el estado de excepción, la situación excepcional, en el seno de la unidad política. Así, según la Constitución venezolana, la soberanía reside en el pueblo, pero según la práctica política vigente y según la misma definición de Schmitt, es el gobierno el verdadero detentador de la soberanía. Los que lo adversan no son soberanos, sino que son, desde su concepción, “enemigos”. Sin embargo, incluso el concepto de “enemigo” aquí empleado es insuficiente si no se entiende en un contexto de lucha existencial, que el escritor Juan Carlos Rey, en un texto de 1971, comprende desde la dicotomía “amigos del sistema” – “enemigos del sistema” y que no hace más que expresar una situación de ausencia de reglas de juego efectivamente cumplidas, es decir, de presencia de tensión y crisis de legitimidad del sistema político mismo como un todo. Los “amigos del sistema” son los claramente chavistas, incluyendo líderes y ciudadanos. Los “enemigos del sistema” son los opositores al gobierno, líderes y ciudadanos, organizados por la instancia representativa que ocupa la forma de Mesa de la Unidad Democrática (MUD), factor que sistemáticamente pretende ser eliminado, considerando la ausencia de confluencia en elementos de la política ideológica, práctica, así como el fracaso de los sucesivos intentos de diálogo. Esta distinción, que plantea un interesante conjunto de relaciones que vale la pena analizar más adelante, no es capaz de definir la plenitud de la problemática que he planteado, es decir, no da cuenta de la crisis de existencia política que atraviesa el país y de las posibilidades de una nueva alternativa.

Que un sector importante de la nación queda fuera de la anterior definición “amigo – enemigo” es fácil de demostrar con los siguientes elementos, que conceptualmente también demuestran la existencia de un grupo o sector políticamente presente, pero que hasta el momento ha sido ignorado por “amigos” y “enemigos” y lo seguirá estando con el correr de los meses, hasta el punto de ser absolutamente suprimido por la totalidad del sistema, de no ser incluidos en el juego político moderno. De allí que:

  1. MÁS DE CINCO MILLONES DE VENEZOLANOS NO SON INCLUIDOS. El discurso del chavismo se centra en la magnitud de la cifra de ocho millones de votos, obtenidos durante el proceso constituyente, sin mencionar, en ninguna ocasión, que el padrón electoral es de 19.805.002, es decir, casi veinte millones de personas, con lo que doce millones han quedado excluidas del proceso y nunca son mencionadas. La oposición (los “enemigos” del sistema) no ha explotado esta cifra contraproducente en ningún momento, sino que se ha centrado en resaltar los siete millones de votos obtenidos durante el plebiscito del 16 de julio, olvidando mencionar en su discurso la existencia de dicho padrón electoral, con el que quedarían por fuera trece millones de venezolanos. Una suma simple de las cifras obtenidas por ambos sectores revela la existencia de al menos quince millones de venezolanos, lo que excluye a cinco millones que tampoco son mencionados en el discurso, a lo que se suman nuevos votantes aun no inscritos, etc. Proporcionalmente hablando, ello significa que uno de cada cuatro venezolanos potencialmente votantes ha dejado, discursivamente, de existir. ¿Quién ha de dirigir su discurso hasta este decisivo sector?
  1. La ANC NO INCLUYE A ESTOS SECTORES. La convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente y su posterior puesta en práctica por el gobierno nacional, se hizo en contra de la oposición, excluyendo amplios y mayoritarios sectores opositores que hacen parte o no de la MUD, siendo un proyecto para la restructuración de un Estado a la medida del oficialismo. Amplios sectores quedaron, ipso facto, anulados de la existencia política, no sólo al carecer de representación, sino al impedírsele la capacidad de oponerse. La misma elección constituyente se hizo atendiendo a una organización sectorial que sólo tiene sentido si se expresa políticamente (fenómeno políticamente condicionado, diría García – Pelayo) y en cuanto que la elección fue chavista, la exclusión fue triple: de designación (porque es el gobierno quien decide a qué sector se pertenece); social (porque políticamente podría yo condicionar otros sectores – el de estudiantes, por ejemplo – pero la naturaleza del voto me lo impide); y política, en cuanto que la ausencia de un referéndum consultivo transformó la elección constituyente en unas primarias internas de los partidos de gobierno.
  1. CARÁCTER SIMBÓLICO DEL CARNET DE LA PATRIA. El elemento anterior parecería ser suficiente para identificar como “enemigo” a todo aquel que no acudió a la convocatoria constituyente y sin embargo, no lo es. Sumemos a la exclusión política, inclinación consecuente del gobierno que hace que el juego deje de ser juego y se convierta en una lucha, un elemento que ha pasado aparentemente desapercibido a nuestros insignes analistas: la asociación del acto de votación al carnet de la patria. No fue obligatorio el uso de esta tarjeta para el ejercicio del voto y sin embargo, su sólo empleo simbólico es suficiente para causar preocupación, no tanto por la canalización excluyente de recursos sociales a través de ésta, como porque inconsciente y no tan inconscientemente, el mensaje que se envía a la totalidad de la ciudadanía es el de que sólo tiene derecho a participar el que posee la tarjeta, mientras que la cédula de identidad, que sí es de uso obligatorio en estos actos, pasa a ser insuficiente para el ejercicio del derecho al sufragio. El mensaje es simbólico, pero no por ello poco poderoso. Reviste el mensaje la misma connotación del asalto al Congreso del pasado 5 de julio, que tampoco debe ser interpretado como un simple acto vandálico, sino como la disposición del gobierno a violentar toda institucionalidad adversa (enemiga), toda expresión de la voluntad popular que sea, por su contenido, su enemiga.
  1. RESPETO PARA LOS CIUDADANOS. Entonces el problema que inevitablemente se plantea es el de la ciudadanía. Al considerar el acto simbólico del uso del carnet de la patria y la exclusión implícita de participación que contiene, lo que se pretende afectar es el ejercicio de la ciudadanía. Son nacionales de un país aquellas personas que reconoce el Estado y la Ley como territorial y sanguíneamente vinculados a la organización política, social y territorial; y son ciudadanos aquellos que ejercen activamente sus derechos políticos, el más importante de todos, el de la participación a través del sufragio. El mensaje del chavismo es simple, pero poderoso: aquel que posee el carnet y lo usa en el acto de votación es más venezolano que el que ni lo posee ni lo usa, persona que pasa a convertirse, política y simbólicamente, en un paria, en un desterrado dentro de sus propias fronteras, en un venezolano menos venezolano que el otro. “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”, decía Orwell. La consecuencia política de ello es simple y fácilmente advertible: pueblo es el pueblo chavista, el “amigo”, mientras que la oposición visible es el “enemigo”, el que merece ser negado. La otra parte de los venezolanos simplemente no existe, no es amiga ni enemiga, no se expresa, pero tampoco se niega. Simplemente, si alguna vez existió, ha dejado de existir.
  1. LA “RESISTENCIA” ES SIGNO DE ESTA ALTERNATIVA. Pero hay que ir más allá en este asunto, porque incluso del lado de la MUD esta negación se ha hecho presente (más como error político que como política deliberada) al no saber interpretar las llamadas “protestas espontáneas”, que de espontáneas tienen el haber sido convocadas por la MUD y haberse salido posteriormente de control, o el no haber sido convocadas y también haberse salido de control (como ejemplo tenemos las protestas del 18 de julio, dos días luego del plebiscito, que la MUD repudió por su espontaneidad). La “espontaneidad” de estas protestas significa la existencia de amplios sectores de la población que desean existir políticamente, pero que no ven en la MUD su elemento organizador, a pesar de compartir los mismos objetivos, en cuanto que se oponen al chavismo más radicalmente que la misma MUD. Sólo este elemento es capaz de explicar, más allá de la espontaneidad de la protesta, la existencia de grupos opositores sumamente radicales, capaces de generar focos de violencia ante la respuesta también violenta del Estado. Sin embargo, el chavismo, en su jugada política, continúa en su afán de culpabilizar a los dirigentes de la MUD, sabiendo conscientemente que estos grupos se escapan a su control. Es decir, la llamada “resistencia” no ha logrado distinguirse como grupo autónomo con intereses propios, no ha logrado convertirse en “enemigo” y el chavismo insiste en calificarlo de “células terroristas financiadas por la MUD”.
  2. NO SON TERRORISTAS, SON MANIFESTANTES. Esta última calificación, la de “terrorista”, es especialmente reveladora. Podemos definir el terrorismo, en términos generales, como una actividad que busca generar terror psicológico entre la ciudadanía, a través del empleo de medios violentos, con la finalidad de cambiar el status quo en su totalidad (al menos en la mayoría de los casos, este es el objetivo perseguido), siendo sus proponentes un conjunto humano difuso, difícilmente identificable. Esta definición, tomada de lo que más o menos entiende la comunidad internacional por terrorismo, excluye de plano a las protestas pacíficas o violentas como actos terroristas. Suponiendo que la protesta se torne violenta, el terror psicológico no es su medio exclusivo, considerando su alto grado de difusión y su escaso nivel organizativo, ya que de ser así, un linchamiento aislado, una forma de pánico colectivo, serían considerados actos terroristas. Los medios violentos tampoco son exclusivos de la protesta violenta y mucho menos tiene ésta la finalidad de cambiar, por sí sola, el status quo en su totalidad. Las protestas en Venezuela, pacíficas o violentas, pretenden cambiar al gobierno chavista. La pretensión de totalidad del chavismo, vista desde su posición ideológica, ve una amenaza total en estas protestas, sean de la naturaleza que sean, sin considerar la escasa vinculación ideológica totalizante de las mismas. Asimismo, el hecho de que las protestas violentas sean controladas por las fuerzas de seguridad del gobierno o de que una protesta pacífica se torne violenta por efecto de la violencia de estas fuerzas, demuestra radicalmente la ausencia de un enemigo difuso a combatir. No tratándose de terroristas, la calificación tiene un sentido eminentemente político, cuyos efectos jurídicos no se dejan de sentir, toda vez que el chavismo controla la administración de justicia en el país y promueve juicios militares a civiles. Desde esta concepción, es fácil juzgar a los venezolanos protestantes como terroristas y a los representantes de la MUD como los principales terroristas. Ello convierte, automáticamente, a todo manifestante en negador del sistema en su totalidad, desprendiéndosele de su condición de enemigo político y excluyéndosele radicalmente del sistema, como si se tratase de un factor absolutamente nocivo, en cuya ausencia sólo han de quedar los verdaderos enemigos.
  3. LOS ESTUDIANTES SON TAMBIÉN UNA NUEVA ALTERNATIVA, AUNQUE NO TAN NUEVA. Pero los acusados de terrorismo no están solos en la negación de su existencia. Junto a éstos yacen los estudiantes universitarios, el movimiento estudiantil que actúa como factor no controlado de la MUD, que a su vez niega reconocer como grupo autónomo, tanto como lo hace el gobierno. Su capacidad de convocatoria y acción es difícilmente diferenciable de la propia MUD y sin embargo, no es difícil reconocer una autonomía que fue capaz de expresarse en el año 2007, que retorna su actuación en el año 2014 y que nuevamente se le ve campante, pero marcadamente reducido y maltrecho en el año 2017. El sector estudiantil es clave para la comprensión del proceso político venezolano, no sólo por su autonomía relativa, sino también porque a partir de allí se han derivado distintos “enemigos” del sistema y se derivarán distintos “amigos” en un eventual gobierno de la actual oposición. Sin embargo, hoy en día el movimiento es lo que es, un movimiento, no un partido y como tal, carece de existencia política reconocida, a pesar de ser políticamente impactante.
  4.  LA ALTERNATIVA ES UNA NECESIDAD EN TODA DEMOCRACIA. Las acciones de la recientemente conformada Asamblea Nacional Constituyente han afianzado la distinción “amigo” – “enemigo”. Los amigos siguen siendo amigos y los enemigos siguen siendo enemigos, en un escenario de mayor violencia y represión, en el cual los mayores perdedores siguen siendo los grandes sectores hoy invisibles, pero numéricamente determinantes al momento de la votación. Una posible nueva alternativa, que podría incluir tanto a los chavistas como a los opositores descontentos, a los estudiantes y a la resistencia, a los que constantemente se resisten a votar y a aquellos decepcionados de la política en general, incluso de ambos sectores, debe no sólo superar la polarización política venezolana, sino también ofrecer soluciones prácticas, pragmáticas, no dogmáticas, no ideológicas, sino ajustadas a las reales necesidades políticas y económicas de nuestro pueblo.
  5. Más adelante seguiré discerniendo sobre las posibilidades prácticas de esta propuesta.
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Autor: Global Libertas

Es este un espacio para la reflexión política y económica del más alto nivel y profesionalismo, que tiene por objetivo hacer una contribución a la comprensión de nuestras complejas realidades, propiciando así la búsqueda de soluciones racionales a la grave crisis de gobernabilidad democrática y crisis económica venezolana. Nuestro norte es la comprensión para las soluciones prácticas.

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